Madrid 14 de agosto, 9:00 a.m.
Está ahí, es él no cabe duda. Por mucho que me dijeran, esperaba… no sé que coño esperaba; pero me he encontrado con MI ALEJANDRO. Ahora hay que ver si produce su efecto la intervención, eso se irá viendo poco a poco.
El Doc. aún no ha pasado a verlo hoy, le estamos esperando para contarle todo lo que hemos vivido con Ale en las últimas horas de ayer y las primeras de hoy, sus reacciones, su tranquilidad (sigo cruzando los dedos).
Al poco de vernos esta mañana nos ha pedido sus chicles de fresa y plátano.
Parece increíble, no tiene fiebre, no ha tenido nauseas ni vómitos, está perfectamente ubicado, va un poco más lento en las reacciones; pero desde luego nada que ver con lo que esperábamos encontrarnos.
Madrid está hoy muy luminosa. Él sigue repasando a toda la gente que conoce, relacionando familias, parece que esta haciendo repaso de todo lo que sabe, cómo diciéndose a sí mismo que todo está ahí, que no le han robado nada. Y SIGUE TRANQUILO.
11:00 a.m
Hay personas que son genios, y hay genios que son sabios. La sabiduría no va vinculada directamente con los conocimientos, con la erudición, va relacionada directamente con la humanidad. Ser sabio es ser plenamente humano. El Doc. Marínez es un genio sabio, no porque controle la nanocirugía, sabe más de humanidad. Cada encuentro con él es una lección de sencillez, de serenidad prudente, de humildad, de entrega, de amor…
- ¡Que ilusión más grande!
- Sí, pero vamos paso a paso, esto es una carrera de fondo, cuenta el final.
- Mire que teníamos tanto miedo… y le hicimos un recorrido por todas las constaciones de las últimas horas.
- Miren, lo que hemos conseguido al desarrollar estas técnicas es garantizar salvaguardar lo más sagrado y lo más importante, a la persona. No queremos matar el cerebro, sólo ayudarle.
Hoy, él está también especialmente y prudentemente contento, el rictus serio y cansado del maratón de ayer, ha desaparecido. Hoy hace un día expendido en Madrid. Descanse usted también doctor, descanse. ¡Un fenómeno!
16:50 p.m.
¿Cómo se pasa del estar siempre alerta a vivir en paz? ¿cómo bajar la guardia o cuándo, y sin miedo ?
De pronto, nos pareció oír algo en la terraza, un leve aullido o una llamada de socorro. Salí corriendo y me encontré con el Sr. de la 242 en le suelo de la terraza que une por el exterior las habitaciones. Estaba tirado en el suelo cual largo es. Su bastón en el suelo.
- Llama a la enfermera, ¡corre! Y salí a socorrer al anciano.
Ale llevaba desde ayer incómodo con la sonda, no había hecho por quitársela, pero se la miraba con recelo. Aprovecho nuestra ausencia para poner fin a aquella tortura. Cuando volvimos a entrar en el cuarto, se la había quitado y estaba haciendo pis en el baño. Salió, y sin dar un portazo -sonido cuasi cotidiano últimamente- se volvió a meter en la cama.
Cuando llegó la bandeja del almuerzo, no sé por qué razón (o sí), le puse todo delante. Al instante me sentí asombrado de mí mismo, de no tener la prudencia necesaria de apartar el vaso de cristal, el plato del segundo… todo lo que supusiera un peligro de acabar roto en el suelo. Nada, no pasa nada. Comió el sólo. Todo está en calma.
Pero sin duda, la más impresionante fue esta mañana:
– ¡Ayer no estuve nervioso! Nos dijo, y sonrió.
¿Cómo se pasa del estar siempre alerta a vivir en paz? ¿cómo bajar la guardia o cuándo, y sin miedo ?
20:30 p.m.
- ¡No puede ser! Dijo, mientras se tocaba el rapado, cuando el Doc. Martínez le quitó las vendas. ¿Dónde están mis rizos? habrá pensado. Pero parece estar conforme con todo, por lo pronto acepta las frustraciones con otro talante ¡Ditoseadios!
Otra visita del doctor, se ve que hoy no trabaja, pero desde donde quiera que haya estado, ha venido por la mañana y por la tarde a supervisar sólo a Ale. Nos ha vuelto a tranquilizar, la fiebre que ha comenzado esta tarde es normal y tardará en irse unos días, mañana incluso puede estar un poco peor, no debemos asustarnos es el proceso normal del postoperatorio.
La tarde la ha pasado somnoliento y un poco más apagado, pero eso sí, cuando llega la bandeja se acaban todos los males: ¡A comer! Y las alas vuelven a dispararse.
Ha jugado un rato al memory, y a falta de Pasapalabra, haremos un rosco final con las sopas de letras.
Sigue preguntando por todos, ha hablado con muchos hoy por teléfono… Y por supuesto, ha dicho en varias ocasiones que quiere piscina. ¡Ya está bien de tanta tontería, carajo, que se me escapa el veranito!





Carmen Socas
agosto 14, 2010 at 12:18 pm
Familia, como dice el doctor esto es una carrera larga, y no es el ganarla como meta, sino todos estos pequeños pasos que van consiguiendo poco a poco.
Animo!!!!!!!!!!
Muchos besos a todos en especial a Ale, todo un campeón!!!!!!!!!
Jennifer
agosto 14, 2010 at 6:28 pm
Me alegra mucho leer todo esto que nos cuentan…no saben lo contenta que estoy por ustedes….Un besooo enorme
María
agosto 14, 2010 at 8:32 pm
Las alas os llevarán a la paz que deseáis y que merecéis. Helio, Bea, os lo digo cada vez pero no me importa repetirme, estoy aprendiendo tanto, me estáis sin saberlo ni quererlo ayudando tanto…gracias por compartir la fortaleza y la esperanza.
Un barco cargado de besos ( y llevad ya al chiquillo a la pisci, leñe)
Karina
agosto 15, 2010 at 3:36 pm
Benditos ustedes, por darle ventaja a la vida y no cerrarle nunca puertas y ni en los peores tiempos las ventanas, por aguantar en el ring y no tirar la toalla y seguir soñando y no desfallecer. Y bendito ese campeón; enhorabuena Alejandro, por todo lo que eres, por todo lo que has conseguido, por tu risa y por la sonrisa que hasta a mí ya me has contagiado. Como hasta ahora, podrán, no habrá palabras de ningún rosco que se les resista, ni piscinas demasiado profundas en las que no puedan nadar… Sin lugar a dudas, la realidad que han construido es un diamante de cinco puntas superior a cualquier sueño… sigan disfrutando de ese brillo.. que ya está bien
Paula Nogales
agosto 15, 2010 at 4:02 pm
¡DitoseaDios!
Helio y Trini, Alejandro el de los lindos rizos que seguro volverán a crecer: qué alegría seguir este diario de la esperanza…
Un abrazo sincero,
Paula Nogales