El 28 de Marzo de 2011 Ale cumplió sus ansiados 16. No fue la mejor celebración que pudo tener, ya que después de casi 1 año, el 112 tenía que volver a intervenir en casa. A la noche siguiente otra vez y se lo llevaron para ingresarlo de nuevo. A día de hoy Ale lleva más de 1 mes ingresado en la Unidad de Internamiento Breve de Psiquiatría del hospital Doctor Negrín.
El sábado pasado llegué con mi padre a las 18:10 aproximadamente a la zona donde se encuentra él, cuando nos abrieron la puerta nos preguntaron a quien veníamos a ver, mi padre dijo: a Alejandro. Entramos en la sala de visitas y nos sentamos en una de las mesas que quedaban vacías, a los 2 minutos entró Ale, esta vez un poco desorientado, apagado, se notaba que ya estaba cansado de estar ahí, su entrada no fue como la otra vez que fui con mi madre a verlo, que nada más verme cambio su rostro y en alto exclamo: ¡¡¡ holaaaaaa !!! y vino como de costumbre a preguntarme si tenia 17 años, yo le respondí: ya lo sabes Ale, pero a él le gusta que se lo digan, para luego decir orgullosamente que él es mayor de 16. Ese día me lo pase muy bien jugando, viéndolo feliz, este sábado la cosa fue diferente, como comenté antes, entro un poco perdido, cuando nos vio, no hubo cambio en su gesto, se sentó y siguió escuchando su música, mientras mi padre y yo contemplábamos como desafinaba cuando cantaba canciones como “Ni una sola palabra” de Paulina Rubio y otras que ahora no recuerdo. Hoy no quería jugar, mi padre le preguntaba: ¿Ale no quieres jugar, que vino Jorge a verte? Él respondía: no, quiero escuchar la música, yo pensaba no pasa nada, aunque oirte cantar no sea lo más agradable, con verte soy feliz, al rato se le acabo la batería en el Mp3, por lo que cogió su maleta y saco el juego del Memori. El juego se trata de colocar las fichas boca abajo, y luego ir dándoles la vuelta y encontrar las parejas, quien más parejas consiga al final gana. Pues nada, yo coloqué las fichas mientras le iba avisando de que yo no le dejaría ganar, que venía a por todas, él me miraba como pensando pobrecito que iluso. Sinceramente fue lo peor que pude hacer, decirle eso, ya que empezó jugando él y a la primera acertó todas las fichas de golpe, cosa que para él no es nada difícil ya que su inteligencia hace que adivine cual ficha va con otra, por medio de la forma de la madera de las fichas por detrás.
Jugamos 8 partidas, de las cuales yo perdí todas (jaja), pero por lo menos consegui 24 puntos, mientras que él supero los 100 y pico. Jugando a Ale le fue cambiando su cara poco a poco, yo le hacia bromas, lo picaba y se estuvo riendo, sinceramente fue una sensación muy hermosa, ver que entraba a la sala apagado, y ver como se iba
animando, de eso se deben de tratar las visitas y asi fue, por eso creo que incluso salí más feliz ese día.
A las 19:30 Ale nos despedía, se levanto y nos dimos un abrazo inmenso, un abrazo que aún siento, mientras le dije al oído: nos volveremos a ver pronto Ale, y él me respondió agarrándome más fuerte, como no queriendo soltarse. Cuando acabo el abrazo lo mire le dije: te quiero mucho Ale, me sonrió y dijo: yo también.
Estoy seguro de que te volveré a ver pronto y de que esta vez si definitivamente como el verdadero Alejandro. Te
quiero!
Diez meses y quince días después del terremoto de Haití, cuando las casas se siguen sin levantar, cuando continúan tantos huesos bajo los escombros, cuando el cólera entra sin pedir permiso como una desgracia más, cuando el lugar que ocupaban los huerfanitos negros en las portadas lo ocupa la operación de tetas de Sara Carbonero o los goles del Barça…Diez meses y quince días después de aquella tragedia que convocó a políticos franceses, norteamericanos y españoles que desfilaron como en una pasarela solidaria, el humorista Forges sigue buscando la sonrisa cada mañana con esas viñetas de funcionarios agobiados o esa señora gorda que lleva colgado del brazo a su marido. Unos días más acertados que otros, mas nunca falla el cartelito: Pero no te olvides de Haití.
Quizás aquí habría que hacer lo mismo con nuestro pueblo vecino. Al lado de las crónicas sobre el puñetero viento y las exageraciones sobre los temporales, junto a las alegrías por los goles tardíos de la UD o la preocupación por la lesión de Vitolo, quizá deberíamos de poner el cartelito “Pero no te olvides de los saharauis”. Ahora que Marruecos olvida su diplomática sonrisa y vuelve a sacar su bota militar para expulsar a los dos periodistas españoles que había “dejado” entrar en El Aaiún, cuando Rabat promueve los ataques de los colonos a estudiantes saharauis hasta en los institutos de enseñanza, cuando cierran el puerto de El Aaiún para evitar la visita de varias decenas de activistas proderechos humanos, cuando pasa todo eso que ya no tiene hueco en la mayoría de las portadas de los periódicos, ahora conviene mantener el cartelito: Pero no te olvides del pueblo saharaui.
La ong estadounidense Human Right Wacth acaba de publicar un nuevo informe sobre el Sáhara que no ha tenido la repercusión del primero. La directora de HRW para Oriente Medio y Norte de África, Sarah Leah Whitson, firma el texto en el que acusa a los militares y policías marroquíes de cometer abusos durante las detenciones de civiles saharauis como darles “palizas que dejaron a algunos de los detenidos inconscientes, además de que les orinaron encima y les amenazaron de violación”. Muchos detenidos y heridos no han podido recibir visitas de sus familiares.
En este informe de HRW se aclara que el primer documento que difundió esta organización sobre el ataque al campamento de Gdeim Izik fue realizado después de sortear muchos obstáculos impuestos por Marruecos. Los activistas no pudieron viajar a El Aaiún hasta el 12 de noviembre, cuatro días después del desmantelamiento del campamento. Las cifras de muertes violentas que dieron en aquel informe (11 policías marroquíes y dos civiles saharauis) se basaban en la información dada por el ministerio del Interior de Marruecos que la ong no pudo contrastar.
Este dato es muy llamativo, ya que hemos estado escuchando y leyendo los ataques continuos a las “mentiras” del Frente Polisario o de activistas prosaharuis por parte de los defensores de Marruecos y de España. El argumento más utilizado era que Rabat no mentía porque la cifra de muertos que había dado era la misma que la de Humans Rights. Aquellos que mostraban a todo el mundo las noticias sobre el primer informe de HRW están ahora calladitos, por eso este segundo informe apenas ha tenido difusión.
A pesar de la expulsión de periodistas, políticos y activistas proderechos humanos, desde el Sáhara nos siguen llegando informaciones. Por ejemplo hace unos días salieron del hospital militar del Aaiún cuatro saharauis. Nos cuentan que Yadasi Mohamedud tiene dos balazos en la pierna, Mohamed Kamel estuvo en coma cuatro días, Azman Echtuki se recupera de una herida en el costado y Darkau i Fatah tiene la rodilla destrozada. Después de sacarlos del hospital, los llevaron a dos juzgados donde les hicieron juicios sin que ellos pudieran hablar. Los acusan de agresión a funcionario en acto de servicio. Ellos no saben porqué, ya que estaban en el campamento y perdieron la noción del tiempo hasta que se despertaron en el hospital. El día seis de diciembre se tienen que presentar ante el juzgado.
¿Por qué nos creemos su versión?, nos podrían preguntar los promarroquíes. Pues porque si hay que elegir entra la propaganda que emite un estado que ocupa ilegalmente un territorio y lo que cuenta la población civil que sufre la ocupación, si hay que elegir entre los que tienen las armas y los ciudadanos sometidos, si hay que elegir entre los que tienen tantos antecedentes de violación de los derechos humanos y los que se suelen manifestar pacíficamente, pues es lógico que nos quedemos con la segunda versión.
También existe la posibilidad de que haya una tercera versión de los hechos. Es la que podrían darnos periodistas en el Aaiún, o también organizaciones de derechos humanos u observadores internacionales. Pero Marruecos no quiere testigos foráneos en el Aaiún. Cualquiera que pretenda entrevistar a saharauis se convierte en un “peligro para la seguridad” del reino alauí. Ese comportamiento ya convierte en sospechoso al gobierno aliado de España, a ese vecino que tanto quiere cuidar Trinidad Jiménez y López Aguilar (como si los saharauis no fueran vecinos nuestros). Porque Marruecos tiene amigos por todos los lados, en todas los palacios y las embajadas. Porque Rabat cierra las puertas del Sáhara para que no veamos como maltrata a los saharauis. Porque el silencio se puede convertir en complicidad hoy debemos poner bien visible el cartelito: Pero no te olvides del pueblo saharaui.
Si yo fuese poeta y tuviera un desengaño amoroso, quizá tendría que empezar escribiendo: Hoy me siento muy triste, ella me ha abandonado por otro y me ha dejado perdido en la inmensidad de una realidad que desconozco. Ahora serán otros labios los que besen los suyos, otras manos la que acaricien su cuerpo, otros ojos los que miren su corazón. Ella será feliz y yo lamentaré su pérdida, aunque nadie podrá arrancármela del corazón; ni ella misma. Hoy me siento solo y triste.
Todo eso y mucho más escribiría hoy, pero no soy poeta, aunque mi corazón este desgarrado de dolor.
Tengo la mirada perdida y mis ojos en la lejanía solo ven terror, barbarie y sangre. Oigo gritos lejanos que me piden ayuda que no puedo dar. Mis ojos se cubren de lágrimas y la impotencia me acobarda, me destruye, me desgarra las entrañas. Mis hermanos me llaman y yo los oigo, los siento y mi mano no llega a ellos. El humo me ciega, me hace llorar pero me niego a cerrar los ojos. Los mantengo abiertos, y a través de mis lágrimas veo imágenes que me impactan; niños que lloran, mujeres que sangran, ancianos que huyen y hombres que mueren.
Me niego a ser impasible ante el criminal, reniego del pacifismo estúpido y amoral que se utiliza para subyugar al más débil. Vomito mi rabia con la mirada ante la atadura de lo correcto y me convierto en esclavo del mundo real. El mundo que mira para otro lado, el que permite la muerte de niños inocentes, el que asesina mujeres embarazadas, el que desprecia la dignidad.
Me niego a pertenecer a ese mundo irreal e inhumano, lo denuncio y lo desprecio. Le doy la espalda y escupo sobre sus estúpidas leyes ignominiosas y marrulleras.
No acepto la paz de los poderosos. Aquellos que con la sonrisa en los labios asesinan a escondidas, torturan y violan los derechos más elementales. Los que venden armas para aplastar la rabia contenida de los pueblos. Los que tienen talante pero no tienen talento.
Saco de lo más profundo de mi alma el recuerdo de los compañeros muertos, torturados, humillados y despreciados para que mi grito rebelde sea permanente. Digo alto y fuerte: ¡Me niego a aceptarlo!
Mi mirada será más triste, mi sonrisa apenas será una mueca, mientras persista en mi mente el sufrimiento de los miles de compatriotas que sufren diariamente las injusticias.
Reniego del hecho consumado y me uno al grito desgarrador de los jóvenes de mi tierra. Pido armas para no morir de rodillas, para defender mi dignidad; para que nuestras mujeres sepan que sus hijos morirán con la cabeza alta, mirando al cobarde enemigo a los ojos. Que la muerte no es muerte si está en juego mi dignidad. No quiero morir acorralado sin posibilidad de defensa, quiero hacerlo en libertad, a la luz del sol o al abrigo de las estrellas de mi desierto.
Basta ya de intereses de estado, de alabar tiranías, de esclavitud consentida, de derechos inhumanos, de venta de armas, de expolio, de torturas, de desapariciones, de realidades irreales.
Basta ya de injusticias, de palabras vacías, de mentiras piadosas, de mercadeo con nuestro destino. No deseo referéndum, ni autodeterminación, ni que otros decidan por mi, mi destino lo elijo yo. Pedir libertad me ha convertido en un delincuente, en un refugiado, en un sin tierra, en un nadie.
No negocio mi muerte, ni acepto estrechar la mano tendida y ensangrentada del asesino de mis hermanos. Desprecio el politiqueo barato de soluciones inciertas. Aborrezco la vileza de las declaraciones interesadas, donde la vida humana está por debajo de los intereses comerciales. Denuncio el servilismo y la corrupción, el besamanos y el miedo, la esclavitud y el racismo.
Admiro a la gente, a los que salen a la calle y reclaman, a los que se oponen, a los que no aceptan, a los que denuncian, a los que te abrazan. Amo a mis mujeres, a mis ancianos, a mis hombres, a mis niños, en definitiva, amo la vida.
Mi dignidad es sagrada, por eso hoy se ha roto algo en mi interior. Ya no soy el mismo. Mi existencia es más triste y efímera. Ya he dejado ser yo y soy nosotros. Tengo la mirada triste de los hombres, el llanto contenido de las madres y las lágrimas de los niños del Sahara.
No soporto tanta impunidad. Hoy me duele el alma y me siento solo y triste.
14 de febrero de 2010 – 35 años del Acuerdo Tripartito de Madrid
El número de septiembre de la revista Letras libres contiene una interesantísima correspondencia entre el escritor J. M. Coetzee y Arabella Kurtz, profesora de psicología en la Universidad de Leicester. El hilo conductor de ese diálogo es la vindicación que Coetzee hace de la empatía, entendiendo por tal cosa la capacidad de identificarnos imaginativamente con otra persona, de meternos en su cabeza y en su piel, de ver el mundo como ella lo ve: una capacidad que Coetzee parece valorar casi tanto como nuestra capacidad de razonar. Esa vindicación permite a los dos interlocutores discurrir acerca de asuntos diversos, sobre todo acerca de la paternidad y la educación, lo que resulta particularmente instructivo en el contexto español. Quiero decir que en España el debate sobre la educación parece a menudo encallado en el debate sobre la autoridad, o más bien sobre la crisis del concepto de autoridad, que se traduce en la falta de autoridad de padres y profesores; pero, formulado en esos términos, el debate es, me parece, desoladoramente pobre, si no inútil, porque el problema no es si padres y profesores deben ejercer la autoridad –cosa que debería darse por descontada–, sino cómo pueden o saben o quieren ejercerla. Pues bien, respondiendo a la visión trágica que Coetzee tiene de la paternidad –“Es parte de la tragedia de la paternidad que el amor de los padres no se reconozca como amor”, escribe; “es decir, que el amor entre padres e hijos es unilateral”–, afirma Kurtz: “Hablando como hija, pienso que cuando un padre ama a sus hijos, cuando intenta entenderlos y cuidarlos en sus propios términos y no se relaciona con ellos a partir de sus necesidades personales, esto es percibido como amor, incluso desde una edad muy temprana. Hablando como madre, pienso que algunas veces es tremendamente difícil amar a tus hijos de este modo”.
Me parece exactísimo: la cuestión no radica en ejercer la autoridad sobre un niño –esto sabe hacerlo hasta un imbécil–, sino en ejercerla después de identificarnos imaginativamente con él, de meternos en su cabeza y en su piel, de ver el mundo como él lo ve, y de hacerlo todo ello en función de sus necesidades y no de las nuestras; esa es sin duda una operación difícil, pero también una forma de que la paternidad se parezca un poco a lo que era para Kafka, que nunca tuvo un hijo: “Lo máximo a que, a mi parecer, puede aspirar una persona”. No todo el mundo tiene esa capacidad de empatía, sin embargo, o no todo el mundo está dispuesto a realizar ese esfuerzo. En 1966 el dramaturgo Arthur Miller tuvo un hijo con síndrome de Down; recién cumplidos los 51 años, Miller juzgó que aquel hijo, de nombre Daniel, desbarataba su proyecto vital, y a los cuatro días de su nacimiento lo ingresó en un orfanato, lo borró de su vida y no volvió a verlo hasta que 29 años más tarde, al terminar un acto público en el que él acababa de hablar en defensa de un discapacitado mental acusado de asesinato, su hijo abandonado subió al escenario, le dijo quién era y lo abrazó. La historia de Miller es conocida; no menos conocida es una historia opuesta. Tres años antes de que naciera el hijo deficiente de Miller, nacía el hijo deficiente del novelista Kenzaburo Oé; se llamaba Hiraki y era hidrocefálico y autista, y los médicos aconsejaron al padre dejarlo morir. Por entonces Oé acababa de cumplir 28 años y tenía una vida y una carrera literaria prometedoras por delante, pero no aceptó la sentencia de los médicos, y, tras una operación, su hijo siguió viviendo. A partir de aquel momento Oé dedicó exclusivamente su vida a cuidar a su hijo, y sus obras a tratar de entenderlo (y a tratar de entenderse a sí mismo a través de su hijo); a este doble empeño se debe quizá que Hiraki Oé sea ahora mismo un reconocido compositor musical y se debe sin duda que Kenzaburo Oé sea uno de los grandes narradores vivos, porque muchos de sus libros –entre ellos obras maestras como Una cuestión personal o como Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura– constituyen un salvaje esfuerzo moral por asumir su responsabilidad en el destino de su hijo y un esfuerzo imaginativo asombrosamente logrado por ponerse en la piel de su hijo.
Es dudoso que Kenzaburo Oé hubiera llegado a ser el enorme escritor que es sin haber aceptado con plenitud a Hiraki Oé; es un hecho que, a partir de mediados de los sesenta, cuando fue incapaz de aceptar a Daniel Miller, Arthur Miller entró en decadencia y dejó de ser el enorme escritor que había sido. Me disculpo: quizá es abusivo, o simplista, establecer una relación de causa y efecto entre la irresponsabilidad moral y la decadencia artística de un escritor. De hecho, quizá es irresponsable hablar de irresponsabilidad moral. Puede ser. Pero, si tiene razón Savater y todo lo que cuenta en la ética es el reconocimiento de lo humano por lo humano y el deber íntimo que nos impone, entonces quizá no lo es. Porque quizá no hay ética sin empatía.
Hoy llegó a la isla un avión que con su estela blanca tejía un hilo entre el pasado y el futuro. El pasado es el que cuenta mi hermana, desde sus entrañas. Yo no podría contarlo mejor, así que lo transcribo a continuación con su permiso.
LLUEVE
(Carta para Alejandro. Escrita por TRINI ROMERO LUJAN)
Llueve… No en la calle. No tras los cristales. Llueve en mi interior. Una lluvia fina que lo empapa todo: los sueños, la esperanza, la razón.
Te sientas sonriente a mi lado. Tengo en mis manos una foto. Tú la miras y te ríes. ¿Lo recuerdas?_ Te pregunto. _ Estábamos en La Graciosa. Tú tenías sólo cuatro años. El pelo rubio y ondulado, la mirada brillante y la sonrisa en los ojos. Eran días de alegría, de sol, de mar, de arena blanca, de pesca y de tertulia. Eran días de risas infantiles, de juegos, de esperanza. Días de familia, de paz, de amor, de ternura.
Perdidos entre las rocas buscábamos lapas y caracolas. Tú vestías siempre de azul y gustabas de llevar puestas tus gafas de sol y tu gorra de Mickey Mouse. Llenabas mi corazón con tu risa y cada día me regalabas una nueva palabra. Llenabas folios de casas y de números, de retratos tuyos y nuestros.
La vida era música y color. El futuro era algo muy lejano y el presente se nos entregaba cargado de esperanza.
Hoy el sol que se cuela por mi ventana no llega hasta mi alma. Hoy sigo buscándote pero no te encuentro. Te llamo pero no me escuchas. Tiendo hasta ti mi mano pero no la ves.
He perdido el camino.
Has cambiado el azul, el turquesa y el celeste por el rojo. Rojo sangre y desespero. Rojo fuerza y violencia. Rojo impotencia y desaliento.
Me he sentado en el rellano a esperarte pero la lluvia cala mis huesos.
Intento abrir con mis manos un boquete en tu muro. Intento penetrar tu mirada. Escuchar tu miedo. Entender tu rabia… Intento sentir lo que sientes. Deseo sentir contigo pero… cada día estás más lejos.
Ya no hay color en nuestra vida y siento como nace la desesperanza.
¿Dónde estás niño mío? ¿A dónde fue tu risa, dónde tus caricias, dónde tus juegos?
No puedo evitar sentir que te he fallado. Me parece verte acurrucado en mis brazos con un ChupaChups junto a tu ojo, viendo el mundo de color naranja. Mientras, mis lágrimas empapaban tu pelo. Ese día me dieron tu diagnóstico. Ese fue un día también muy gris, pero tú estabas a mi lado. Prometí no abandonarte nunca. Te prometí que siempre estaría a tu lado, que siempre podrías contar conmigo. Prometí ser tu voz si no llegabas a hablar. Te prometí aprender a interpretar tu mirada, tus gestos, tu silencio. Prometí luchar por ti. Luchar contigo. Prometí indicarte el camino, tomarte de la mano y traerte siempre de vuelta a casa.
Han pasado 13 años desde aquel día. Desde aquella promesa que ahora siento que he de romper y se me desgarra el alma.
¿En qué recodo del camino te perdí?, ¿Cómo no me di cuenta de que te marchabas?, ¿Quién robo tu alegría? , ¿Quién mató la esperanza?, ¿Quién nos quitó la paz? , ¿Cuándo se lleno de temor y angustia nuestra casa?
Son las siete de la tarde. A lo lejos se oye el murmullo de una ambulancia. Su sonido se hace más intenso conforme se acerca. Por fin se hace el silencio. El silencio que viene a socorrerme del caos, del dolor, del terror.
Suena el timbre y con él cesan los gritos, los portazos, los golpes, los cristales, el desaliento y el miedo…
Me siento aturdida, temblorosa y aterrada. Me siento enfadada…
Veo el dolor en tus ojos. Siento que me suplican ayuda, perdón, amor. Y corro a acariciar tu pelo, a susurrarte en el oído que te quiero, qué estoy contigo. Generalmente aprovechas para brindarme un golpe más, pero… no me importa. Ya nada me importa. Sólo quiero llegar a ti. Quitarte el dolor. Transformar tu odio en alegría. Quiero coger tu mano y caminar nuevamente contigo…
Ya no siento nada. Ya no sé lo que siento: ¿Dolor? ¿Amor? ¿Miedo? ¿Desesperanza? ¿Fracaso? …
Con cada golpe me he ido endureciendo y he ido madurando. He ido quitando importancia a lo superfluo. Ya no importa si has tirado abajo una pared. No importa que la casa no tenga puertas, que hayas arrancado el bidé o que hayas destrozado la tapa del wáter. No importa no tener tele en el salón, ni video, ni Play, ni cadena musical, ni cuadros en las paredes, ni portarretratos. Tampoco importa que las fotos estén pintorreadas. Que se hayan roto los cristales del mueble del salón, que la ventana de tu cuarto esté condenada o que la puerta del balcón no pueda abrirse nunca. No importa que sólo queden en pie dos sillas y que la mesa haya tenido que ir de excursión al punto limpio junto con muchas cosas más. Nada de eso importa. No importa si los vasos, cubiertos y platos son de plástico. No importa si no hay intimidad en el baño… No importa si lanzaste el ordenador, la maceta o la fuente de porcelana, al menos no conseguiste darme.
Importa tu dolor y el nuestro.
Importa el temor de Javier, importa su angustia. Importa que viva encerrado en su cuarto, bajo llave. Que sean numerosos los días en que ahí debe desayunar, merendar y cenar. Importa que le agredas cuando recibe mis besos y abrazos. Importa su dolor, su salud mental y su seguridad física. Importa Javier.
Importa la salud resentida de Jorge. Su hipertransaminasemia. Sus constantes dolores de cabeza, sus seis suspensos, sus pocas ganas…Su exceso de responsabilidad para conmigo. Importa su rabia hacia ti cuando me agredes. Su tristeza… Importa Jorge.
Espero la llegada de la noche. Espero la madrugada, cuando tu sueño es profundo y tu respiración calmada. Entonces me acerco sigilosa hasta tu cama. Me cuelo en tus sábanas y te miro intensamente. Te abrazo, te acaricio. Me lleno de ti. Te lleno de mí.
Te susurro mil veces cuánto te quiero.
Te quiero a pesar de que nuestra vida sea un infierno. Te quiero aunque me peges, aunque me destroces la casa, el cuerpo y el alma… Te quiero.
Te quiero aún cuando tu mirada se transforma en odio. Aún cuando sólo siembras destrucción, dolor y terror a tu paso.
En el fondo sé que ese no eres tú. Tú te escondes bajo el monstruo. Transformas en destrucción el dolor y el temor que sientes. Cada día te escondes más y más. Y yo, niño mío, no consigo alcanzarte. No se llegar hasta tu orilla. No se calmar tu angustia. Ya no se devolverte la alegría.
Con la foto en la mano me das un abrazo.
Gracias, mi amor, por esta tregua. Llevas casi dos horas de risas, cantos, saltos y aleteos. Todos reímos contigo. Javi te abraza con ternura y Jorge te repite una y otra vez ese gesto que te causa tanta gracia.
Disfrutamos con plenitud de este momento porque ignoramos cuánto durará esta vez la calma.
No voy a abandonarte Alejandro. Aunque un papel diga lo contrario. Aunque te marches a vivir lejos de casa. Yo siempre estaré contigo y tú estarás conmigo.
No quiero pensar en el adiós. No quiero pensar en el mañana…
¿Qué será de ti, mi amor? ¿Quién velará tus sueños? ¿Quién te abrazará con ternura? ¿Quién interpretará tus silencios, tus gestos, tus miradas…? ¿Quién te regalará chuches para premiar tu comportamiento? ¿Quién cogerá tu mano? ¿Quién te despertará cada día con una canción y un beso? ¿Quién moldeará tus rizos? ¿Quién te defenderá? ¿Quién pondrá voz a tu silencio y esperanza en tu mirada?
¿Cómo podré saber cómo estás si no podré verte y tú no puedes contármelo?
Muero al saber que tendrás que marcharte. No duermo, no como. Mi corazón está lleno de dolor y de soledad. Muero al pensar que te he fallado…
Pero no puedo fallar a tus hermanos. He de devolverles la paz, la alegría, la ilusión, la salud… Si ellos están bien, algún día, cuando yo ya no esté, ellos velarán por ti.
Creo que no sabré vivir sin ti pero me consuela saber que tú sí podrás vivir sin tenerme a tu lado.
Mi pequeño Alex quiero que sepas que volverás a casa. Cuando por fin se calme tu dolor y se apague la furia. Cuando no seas un peligro para tus hermanos. Cuando el arcoíris adorne el cielo… TÚ VOLVERÁS A CASA. (Trini Romero Luján).
Esto pertenece al pasado.
El 28 de junio ingresó Ale en la Unidad de Internamiento Breve, para evitar que se hiciera o hiciera más daño a los suyos. Fueron días duros en los que reclamaba la playa. Muchos días entre las paredes de un hospital. Muchos para él y muchos para sus padres, que estuvieron (como siempre) al pie del cañón.
Ale y sus hermanos son muy afortunados porque tienen unos padres luchadores, valientes y generosos. Han trabajado porque su hijo alcanzara sus máximas capacidades desde el minuto uno (antes de tener un diagnóstico). Después fundaron ACTRADE (Asociación Canaria que tiene un papel precursor en la sociedad al abordar el espectro autista: facilitando apoyo y servicios a las familias con personas afectadas por este transtorno) dedicándoles muchos años de esfuerzo, muchas reuniones, mucho de ellos. Estos últimos cinco años de suplicio, en los que el monstruo (como lo llama mi hermana) se apoderaba de Ale, recorrieron muchas consultas, curaron muchas heridas (incluidas las suyas), tocaron en muchas puertas, llamaron a muchos números (en este último año al menos 25 al teléfono de emergencias: porque peligraba la integridad física de todos). Dejaron mucho de ellos, lamentablemente, por el camino.
El 11 de agosto surcó el cielo el Avión de la Esperanza que lo llevaba a Madrid para que lo operaran. En ese avión también viajaba el miedo lógico a lo que podría ocurrir cuando le tocaran su cerebro (les aseguro que es un pánico que sólo el que lo vive sabe de su calado). El 13, las milagrosas manos del Dr. Martínez consiguieron que el monstruo abandonara a Ale de una vez. Y… renació aquel niño feliz, juguetón y cantarín.
Helio (su padre) mantuvo en vilo muchos corazones con su Diario de la Esperanza (añadiendo varias entradas al día en su magnífico Blog, MARGULLANDO: desde el día 10, ha registrado más de 6000 visitas. Mucha gente los quiere, no hay ninguna duda), contando casi cada momento de la nueva vida de Ale, subiendo videos de su hijo (cantando, corriendo y haciendo el salto del columpio). Ayudándonos a los que los queremos a sentirnos a su lado, sirviéndonos de terapia a la familia y de aliento a los que viven situaciones similares.
Hoy, 21 de agosto de 2010, unas quince personas (los abuelos, tíos, primas, amigos-hermanos… los hermanos de verdad junto a la gran familia Ayala están en Roma) esperábamos ansiosos a que esas tres maravillosas personas cruzaran por fin las puertas. Dos globos les dieron la bienvenida, aunque el que decía Ale voló hasta el techo del aeropuerto y allí se quedó. Allí estaba Ale, en lo más alto: no paraba de brincar, de correr, de reír, de darnos abrazos y besos. Temblaba y sudaba de la emoción. Era el primer día de su nueva vida. Después de casi dos meses volvía a casa, solo, sin el monstruo, sin nuestras peores pesadillas.
A mi hermana también le esperaban sorpresas en su casa (no habían grietas, tenía tele y colchas nuevas, tapa en el váter). Y a Ale le esperaba un pastel que encargó Marta (una de las amigas-hermanas, que tanto ha ayudado a Trini, a Jorge y a Javi, durante muchos años).
Bienvenido Ale (leyó las letras blancas sobre la tarta). Cumplo 16.
No Ale, tu cumple es en marzo de 2011, todavía queda. Te pondremos velas pero sólo para celebrar que estás en casa (le dije. Aunque lo que pensé fue, para celebrar tu nueva vida, para celebrar el futuro).
Porfa, ponme dieciseis.
No, sólo quince. Sigues teniendo quince, ¿vale?
Vale (contestó obediente).
Brindamos por él y por el FUTURO en paz de esta familia que se merecía poder VIVIR… sin miedo y sin sufrimiento.
Les queda lucha, por su puesto, Ale siempre necesitará tutela. Pero ahora podrán seguir trabajando con él para que sea lo más independiente posible.
Escrito el 21 de agosto de 2010 en su blog: Huellas de sal
Le busco pero afortunadamente no le encuentro. Ayer, por un momento le presentí agazapado, buscando el momento de hacerse fuerte. De vencer. De vencerle.Busco al monstruo para asegurarme de que no está y de que jamás volverá a hacerle, a hacernos, daño.
Alejandro lucha contra el monstruo a través de la fiebre, soportando el dolor. Le cuesta sonreír. Cuando lo intenta se le dibuja una mueca. Estamos ganando la batalla pero la lucha no ha terminado. El monstruo no quiere irse sin hacer ruido. Lleva mucho tiempo envuelto en la piel de mi niño, dirigiendo nuestras vidas. Hace tiempo que aprendí a mirar sus ojos oscuros e inertes. Aprendí a desafiarle a pesar del miedo. Aprendí a intuir su llegada con solo mirar el cuerpo tenso de mi hijo, su rostro inexpresivo, su mirada perdida. Entonces sabia que Alejandro se iba y el monstruo ocupaba su lugar. Muchas veces tras una larga y dolorosa batalla mi hijo me miraba suplicando ayuda y diciendo que tenía miedo.
El monstruo lo dominaba todo. Sembraba el terror, el dolor y el caos en la casa y en el alma. Aprendí a acariciar al monstruo aunque debo confesar que nunca pude llegar a amarlo. Aprendí a vivir con él sin llegar a aceptarlo. Aceptarle significaba rendirme, perder la esperanza, abandonar a Alejandro para siempre. No podía permitirlo. No podía dejarme caer. No podía dejar que cayese.
Del monstruo quedarán las cicatrices. Las de la cabeza de Ale y las de nuestra alma. Unas y otras nos ayudarán a recordar que una vez más hemos ganado la batalla. Sin duda vendrán otras pero ésta la hemos ganado. Estoy segura. Me lo dice la paz de Ale. Me lo dice su mirada tranquila, su cuerpo, sus manos. Me lo dice el corazón y me lo grita la esperanza.
El monstruo se irá, se ha ido. De puntillas o haciendo ruido. No importa cómo, con tal de que se vaya.
Quiero dar las gracias a todos los que están ahí. Haciéndonos saber que no estamos solos. Que ésta, no es sólo nuestra batalla.
Quiero dar especialmente las gracias a JORGE y a JAVIER. Mis compañeros de viaje, de lucha, de dolor, de amor y de esperanza. Quiero agradecerles la capacidad de transformar un mal momento en una anécdota divertida. “Hoy toca lanzamiento de tele, ayer fue de mandos y mañana le tocará a la vajilla.” “Troya” significaba: “Cuidado Ale está muy mal, pónganse a salvo y retiren todo objeto peligroso de su vista y de su alcance” ¡Mis niños! Estoy tan orgullosa de ustedes. Quiero prometerles la paz. Devolverles la alegría. Asegurarles que el monstruo se ha ido para siempre. Que jamás volveremos a someternos a su tiranía. Y si por un casual decidiese regresar estaremos dispuestos a hacerle frente y a echarlo. Si viene no se quedará cinco años con nosotros. Prometo luchar para que sean felices, para que sigan sintiéndose orgullosos de Alejandro. Yo estoy orgullosa de los tres.
Quiero dar también las gracias a todos los que han estado a nuestro lado en los momentos más duros. A quienes estaban a nuestro lado a pesar de que peligrase su integridad física. A cuántos han sufrido los moretones de Alejandro. A todos aquellos quienes sin su ayuda yo me hubiese venido abajo.
Gracias Helio por estar ahí.
El monstruo se ha ido. No ha ganado la lucha. Ha vencido el amor.
Alejandro te repito lo que te dije el día que nos hablaron de tu autismo: Siempre estaremos a tu lado. Te cogeremos de la mano y una y otra vez te traeremos de vuelta a casa. Nunca olvides que tus padres y tus hermanos no son de los que duermen sino de los que luchan por hacer realidad los sueños.
Gracias Alejandro por ser quien eres. La vida a tu lado siempre es un nuevo reto, una aventura. Gracias por compartirla con nosotros. TE QUIERO
Mi sobrino Ale es mi niño eterno particular. Un niño que habita en un joven alto, con bigote, con las hormonas disparatadas, al que le cuesta entender lo que le pasa por dentro, unido a su eterna incomprensión del mundo exterior. Es cariñoso y tierno, aunque sus padres y hermanos han sufrido en sus carnes la violencia del que no entiende, del que no se expresa como los demás, del que no puede controlarse… Por eso lleva más de un mes ingresado, por eso le harán una operación dentro de poco para tratar de contener lo que los fármacos llevan años sin conseguir.
Hoy fui a verlo a la Unidad de Psiquiatría, parecida al lugar donde yo trabajé al comienzo de mi vida laboral, en aquel hospital a las afueras que tantos buenos recuerdos me trae. Entonces él era sólo un niño pequeño y, aunque sabíamos que era especial, aún no teníamos un diagnóstico.
Esta tarde Ale me sonrío, se rió a carcajadas, me miró con ternura y me pidió un beso (creo que es la primera vez que lo hace, a veces se acerca y me pone la cara, o soy yo la que se lo doy, pero creo que jamás me lo había pedido). Me miró las uñas, me dijo que estaban cortas (¡lástima me las limé el domingo!, siempre escudriña las uñas de las mujeres buscando unas largas para que le acaricien) mientras buscamos juntos palabras en la sopa de letras (cada vez que encontrábamos una, al tacharla de la lista, decía “siiii iliiiii”, le pregunté que era lo que decía hasta que lo entendí y cuando lo decíamos juntos se tronchaba). Me preguntó si tenía bigote y me recordó que ya tiene quince años. Hoy no me cantó mi canción (¡Belén, campanas de Belén!: a cada ser querido le tiene una adjudicada, no sabemos porqué son unas y no otras, pero siempre son exclusivas para cada persona) pero al verme con mi pijama blanco me dijo: “eres enfermera” y sonrió. Le pregunté si tenía amigos, me contestó que Jorge y Javi (sus hermanos: una respuesta muy inteligente).
Nos sonreimos, nos miramos, nos tocamos, nos reímos con ganas: nos echábamos de menos. Yo lo pasé en grande y creo que él también. Me despidió contando los días que faltan hasta el viernes, que lo veré de nuevo, mientras luchaba consigo mismo por quedarse a mi lado o por irse a ver “Pasapalabra” (su programa preferido, una de sus rutinas diarias).
Tenía mucho miedo de que su pijama de colores me produjera dolor, pero dentro de él estaba mi niño, nuestro niño eterno particular. Así que la alegría y el cariño, una vez más, consiguieron ganarle la partida a la tristeza.
Eres una persona muy especial en mi vida, soy tu hermano pequeño y sobre todo eres mi referencia para seguir luchando en todo y nunca rendirme como tú haces … tú no dejas nada a medias, todo lo tienes que acabar tarde o temprano; solo digo que ha pasado un mes desde que los del 112 te llevaron y en un mes solo te he visto 1 día. Yo creo que no nos merecemos esto ni yo ni mis padres ni mi hermano Jorge esto cuesta superar y cuando llegan las 7 y estoy en casa y haciendo un zapping pongo la 5 y aparece Pasapalabra se me inundan los ojos como el Nilo, tanta agua que al final acaba saliendo por mis ojos y también me acuerdo cuando entraba en la habitación y tú me decías: ¡ fuera! porque necesitabas concentración en el Pasapalabra y yo inmediatamente me iba para no ponerte nervioso .
Estos últimos años han sido chungos para mí, para mis padres y para Jorge, hemos tenido que cubrirnos con el 112 porque no podemos más. Yo salgo huyendo para la habitación como un cobarde para que no me hagas daño. Se que tú no me quieres hacer daño y a pesar de todo no te vas a creer que echo de menos un pellizco, un jalón de pelos y un Javi córtate el pelo; porque es verdad, eres el único que cuando alguien se corta el pelo dices con sinceridad si te gusta o no .
Ale eres el mejor y me siento orgullosísimo de ser tu hermano pequeño , Ale te amo , espero que todo salga bien y que dentro de poco estés en casa para meter tus saltos, para escuchar tus chillidos. Para mi no eres un autista para mi eres la PERSONA MÁS ESPECIAL del mundo. Ale eres el mejor, te quiero mucho hermano, todo va a salir bien .