RSS

Archivo de la categoría: Relatos

El cazo de Lorenzo

Un bonito cuento.

Gracias Fer.

 

Etiquetas: ,

Planta 6ª

 Llegamos a la planta sexta después de un ascensor panorámico, una pasarela de cristal y un pasillo desierto. Tocamos un timbre y atravesamos dos puertas de seguridad. Junto a ellas esperaban algunos ávidos de encontrar, esa tarde, un rostro conocido que viniera a verles a ellos. Escuché alguna maldición que terminaba como con un soniquete – este tampoco es mi familia… Por el pasillo una legión de resignados.

 Nos condujeron a una sala de visitas amplia con mesas y sillas y un pequeño patio abierto al fondo tras una mampara de cristal. Nos fuimos allí sin dudarlo.

 La sala rebosaba de familiares e internos. Cada uno, una historia rota o en restauración. Al fondo, en la esquina, una pareja de novios eludía las miradas buscando algo de intimidad para tener dos horas de confidencias, caricias, besos a escondidas y alguna lágrima traicionera, sobre todo de él, que no llevaba pijama. Una filóloga ojerosa, le desgranaba a una madre de mirada ausente, sus últimas reflexiones sobre la vida, las relaciones que dejó fuera, la novela que está leyendo, sus conversaciones con la psiquiatra; todo ello meticulosamente apuntado en un pequeño y desordenado bloc de notas. De vez en cuando, revolvía el bolso de la madre buscando un nuevo tema de conversación que le permitiera no parar un segundo de esas preciadas horas del día en el que alguien le escuchaba. Una hija le mostraba a su madre somnolienta, un catálogo de Carrefour y le ayudaba a señalar las cosas que más le gustaban; cuando se acabaron las hojas, sólo se buscaron los ojos, no hubo más palabras. Mientras tanto, la mujer de pelo rubio, seguía acariciando la mano de un esposo desconsolado, sus ojos iban y venían tratando de entender.

  Hay visitas que duran un suspiro, y silencios y miradas que duran toda la tarde. Hay movimientos sedados y bastantes lágrimas contenidas.

 Nosotros nos sentamos a esperarle. Traía su camisa roja preferida debajo del pijama celeste que le hacía pertenecer indiscutiblemente al grupo. Llegó con su sonrisa puesta. Nos abrazó profundo. Nos miró con desconcierto. Nos sentamos en la esquina y sopló una extraña brisa de encuentro. Se rió, nos reímos con él. Preguntó por las próximas fechas de cumpleaños de los primos, que siempre traen reuniones familiares, por el verano y la playa, como advirtiéndonos que la broma ya estaba bien, que no se pensaba pasar allí el tiempo necesario para perderse esos eventos. Luego jugamos a poner caras, recordamos canciones y parrafadas que nos ponen felices. Sobre las siete, y como diciendo ya está bien por hoy, se metió en las profundidades de su MP3. Luego, cuando empezaron los nervios, tumbó su cuerpo sobre la silla y se dejó caer. El golpe resonó en la sala como un aviso para terminar la visita hasta el día siguiente.

-           Otra vez dormir aquí NO.

Nos dio un beso forzado y se alejó por su pasillo gris.

Mañana – quizás pensó – es uno de julio, veré Pasa Palabra y cazaré una mariposa; eso haré.

 
4 Comments

Publicado por en julio 1, 2010 in Crónica de los olvidados, Relatos

 

Etiquetas: , , ,

 
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.