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Ante el documento de los obispos sobre las elecciones de 2008

07 Jun

Domingo 3 de febrero de 2008

Buenos días Canarias:

La verdad es que a veces me pregunto ¿cuán equivocado debo estar en mi fe si soy incapaz de entender a mis obispos? Y no crean que es una reflexión simple, a mí me afecta, me duele, me resta paz…

La formación teológica que recibí, me enseñó que el texto de la liturgia de hoy es el discurso programático y central del mensaje de Jesús: Bienaventurados los pobres de espíritu, bienaventurados los que sufren, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los que tienen misericordia, bienaventurados los limpios de corazón, los que trabaja por la paz, los perseguidos por causa de la justicia… porque ellos están cerca del Reino de Dios, porque hacen visible el rostro de Dios, porque serán llamados hijos de Dios.

Y junto a este programa de vida, se me enseñó, que el resto de las acciones y de las palabras de Jesús, debían ser entendidas desde esta clave…

Cuando leo ahora la última nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ante las elecciones generales de 2008, me quedo perplejo y no entiendo nada.

No digo que los obispos no tengan el derecho y la obligación de opinar sobre la vida y la política de nuestra sociedad, pero me cuesta asumir algunas cosas.

Por ejemplo las prioridades , el documento tiene diez puntos, sólo en el último lugar se habla de algo que suena más a lo que hoy se nos dice en evangelio cuando afirman: “En este momento de la sociedad española, algunas situaciones concretas deben ser tenidas muy particularmente en cuenta. Nos parece que los inmigrantes necesitan especialmente atención y ayuda. Y, junto a los inmigrantes, los que no tienen trabajo, los que están solos, las jóvenes que pueden caer en las redes de la prostitución, las mujeres humilladas y amenazadas por la violencia doméstica, los niños, objeto de explotaciones y de abusos, y quienes no tienen casa ni familia donde acogerse. Hay que trabajar también para superar las injustas distancias y diferencias entre las personas y las comunidades autónomas, tratando de resolver los problemas más acuciantes, como son el trabajo, la vivienda accesible, o el disfrute equitativo de la naturaleza, compartiendo dones tan indispensables para la vida como el agua y cuidando con esmero el patrimonio común de la creación (n. 80). En el orden internacional- dicen-, es necesario atender a la justa colaboración al desarrollo integral de los pueblos.” Sin duda, Yo hubiera empezado por aquí.

El documento arranca con una llamada a la responsabilidad: “Los católicos y los ciudadanos que quieran actuar responsablemente, antes de apoyar con su voto una u otra propuesta, han de valorar las distintas ofertas políticas, teniendo en cuenta el aprecio que cada partido, cada programa y cada dirigente otorga a la dimensión moral de la vida”.

Me pregunto si el problema será,  entonces, donde ponemos el acento de la moral, de los principios éticos de la vida, del amor a Dios y al prójimo que Jesús nos dejó como legado final de su vida.

No digo que la protección a la familia no sea una cuestión urgente, ¿pero cuantas y cuáles son las realidades que la amenazan? No digo que no sea importante una formación religiosa del alumnado, estaría bueno, es mi vocación, ¿pero eso debe llevar aparejado una lucha abierta contra nuevos modelos para la educación integral, la formación en valores, el diálogo y la praxis para lograr una ética global para un tiempo global, multicultural y plurireligioso? ¿Debemos entrar en combate o en diálogo con las experiencias de que aspirar a una educación para la ciudadanía global? 

Sin duda el terrorismo es la lacra de nuestro tiempo, pero el error es afrontarlo como un tema de rivalidad política. La Iglesia nos ha llamado siempre ha ser “constructores de paz” y Jesús nos dio la clave para afrontar esto: ama a tu enemigo. Y amar al enemigo es tender puentes para entre todos alcanzar la paz, y no habrá paz sino trabajamos por la justicia.

Sé que no soy quién para enmendarles la plana a mis pastores, pero cuando mis compañeros de claustro me abordan por los pasillos y me preguntan que opino sobre sus últimas afirmaciones, debo reconocerles que a veces me cuesta mucho argumentar en su defensa, y me sorprendo reflexionando entre pasillos y aulas, si Jesús lo habría escrito así, si en este momento esas sería sus reflexiones. Mientras tanto sigo releyendo el Evangelio, intentando encontrar luz.

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Publicado por en junio 7, 2008 en Margullando en la realidad

 

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