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Misericordia quiero y no sacrificios

07 Jun

Domingo 8 de junio de 2008

Buenos días Canarias:

 

Las cumbres sobre el hambre deberían hacerse en Ruanda, en Somalia, en Etiopía, en Burundi o en alguna zona rural de Latinoamérica. No se puede decidir sobre el hambre con el estómago lleno, desde la comodidad de un despacho, desde tribunas con agua y coffee break.

 

Las convenciones sobre la paz en el mundo no se deberían hacer en lugares blindados a cualquier gamberro, no deberían hacerse tras las murallas de las grandes fortalezas internacionales, debían hacerse a la intemperie, o en un suburbio de Bagdad, o en Gaza, o en un rincón de la selva colombiana.

 

No se puede hablar de lo que no se conoce, no se puede teorizar cuando a fuera la vida está en juego.  

 

Dicen que estamos en crisis. Ayer me hacía pensar un amigo, ¿Cuánto de esta crisis no será inducida por intereses particulares y gubernamentales?, la verdad es que pienso que tiene mucha razón.

 

A muchos no nos importaría seguir llegando apurado a fin de mes, si eso sirviera para que otros muchos pudieran llegar al principio del próximo mes. Pero indigna que las crisis afecten siempre a los mismos, las crisis son siempre de abajo hacia arriba; y cuando van a llegar a los de arriba, se acaban.

 

Por eso me hacen sonreír las cumbres y las convenciones. He visto mucho más compromiso en los que se han arriesgado a patear un campo de refugiados, en los que han decidido cooperar y se han ido a una selva o un suburbio. Hacen mucho más los que caminan entre campos minados que los que se mueven en coches blindados.

 

Luego dicen que los creyentes, lo único que sabemos hacer es lavarnos la conciencia; he visto esa hipocresía en muchos lados, pero sobre todo en cumbres y convenciones.

 

Claro que siempre hay que mantener la esperanza, la esperanza en otros foros, en otros espacios en los que con mucho menos bombo, menos posibilidades y publicidades; se buscan soluciones reales, se le llama a las cosas por su nombre, se ponen los puntos sobre las íes. Es cierto que hay dirigentes, activistas y militantes que han puesto sus ojos, sus pies, su trabajo y su corazón al lado de los que están sufriendo el hambre, la violencia y la injusticia. Ellos y ellas muchas veces no aparecen en ningún telediario, no ocupan portadas; pero son realmente los que están cambiando las cosas.

 

Sacrificarse es apretarse el cinturón, prescindir de lo prescindible, es dar sin que nos duela mucho. Misericordia, etimológicamente, es ponerse en el corazón del otro, es sufrir en la misma piel, es buscar soluciones entre todos y todas para que el corazón y el estómago, no duelan más. 

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Publicado por en junio 7, 2008 en Margullando en la realidad

 

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