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Ponían todo en común

07 Jun

Domingo 30 de marzo de 2008

Buenos días Canarias:

Al llegar  a la jaima de Maluma, Beatriz quería ir al baño. Le pedí permiso para enseñarles las estancias de adobe que ellos llaman casa; pero ella me pido que esperara a que viniera Fatimatu. Ella me explico que ahora el baño estaba al lado de la cocina, justo enfrente de la jaima donde íbamos a dormir. Y dijo algo más: Helio este baño lo hemos hecho con el dinero que nos has enviado este año, y no se ha utilizado hasta hoy, esperamos a que ustedes vinieran; y abrió la pequeño puerta de hojalata que daba paso al baño. Al entrar pudimos ver que tenía suelo, estaba encalado, pintadito de blanco y azul, y había una letrina de esas que tienen dos huellas.

Este año éramos cinco a hospedarnos en la humildad de su familia, pero nos atendieron como a una delegación de primeros ministros. La comida, el agua, los múltiples obsequios… Sólo por estará allí. Sólo por volver a verles, por no habernos olvidado de ellos, por ocuparnos de los niños de sus escuelas, como ellos dicen.

Cuando vaciamos las mochilas y pusimos sobre la alfombra, la miel, las latas de sardina y atún, los cuadernos y los lápices para los niños, el balón de futbol, algunos medicamentos, etc… vimos como hacían apartaditos, distribuyéndolo todo en grupitos más o menos iguales. Luego lo ponían en bolsas y los niños salían disparados con ellas a otras jaimas.

En seguida tuve que explicar a mis compañeros de viaje, que estaban repartiendo con todas aquellas familias que les habían aportado algo para atendernos esa semana; algo de comida, mantas, algunos de los regalos que nos darían… Ellos no hacían más que abrir desorbitadamente sus ojos.

La lectura de hoy habla de las primeras comunidades cristianas, y el texto se los acabo de relatar actualizadamente, ahora permítanme leerlo como viene en el evangelio: Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en el compartir el pan y en la oración…Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos según las necesidades de cada uno.

Mi hijo Javier, que tiene diez años, me acompañó este año en el viaje. Cuando nos íbamos a marchar me preguntó si podía darle a Sidomu y a Baba los calzoncillos que no había usado, y se vino literalmente con lo puesto. Mi hijo Javier no ha hecho la primera comunión, y su abuela a veces sufre por eso, pero Javi ha aprendido a vivir el evangelio, eso creo yo, y también se que un día, si Dios y el quieren, se sentará a la mesa de la comunión sabiendo lo que hace.

Ah, por cierto, por si alguien anda despistado, los saharauis no son cristianos, son musulmanes; pero a mí me siguen evangelizando.

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Publicado por en junio 7, 2008 en Margullando en la realidad

 

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