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Podemos II

28 Jun

Domingo 29 de junio de 2008.  

 

Buenos días Canarias:

 

Leí hace algunos años un artículo de prensa en el que el autor comparaba los mundiales de fútbol con una guerra mundial incruenta. Hablaba de cómo las naciones enfervorizadas aclamaban a sus huestes, 23 hombres que representaban la fuerza y la garra de todo un pueblo, que lucha contra otro para imponerse y vencer. Reflejaba, como el sonar de los himnos y el hondear de banderas hacía creer en lo más noble de aquellos pueblos. En la sucesión de jornadas iban apareciendo los héroes, las batallas épicas, los injustamente derrotados y finalmente los vencedores, los que alcanzaban la gloria de la victoria final. 

 

Dentro de unas horas sabremos si España habrá hecho real ese grito propagandístico de esta Eurocopa, no sé si el ¡Podemos! será, o sólo se quedará en un “casi pudimos”.

 

Sin embargo lo que me pide el cuerpo es ser un poco crítico con todo esto.

 

Quiero que quede claro de antemano que me gusta el futbol, pero no me gusta el fanatismo que se mueve en torno suyo, ni los dislates económicos que supone.

 

Me molesta la frivolidad con la que en estos días se ha movilizado a las masas, los esfuerzo por garantizar concentraciones masivas en torno a un partido, sólo para perseguir glorias efímeras, logros banales. Ver toda una nación alienada por unas horas de futbol, centrar toda nuestra alegría y esperanza en un resultado ganador, me parece un tanto escandaloso.

 

Si se trata de gritar ¡Podemos!, si se trata de movilizar a las masas para creer que podemos cambiar la historia… Yo me quiero quedar con otros podemos, me gustaría gritar otros podemos:

 

Podemos acabar con los muros que nos separan, con las alambradas que hemos trenzado, con las fronteras que nos dividen. Podemos acabar con las hambrunas, con las epidemias y las pandemias… Podemos hacer justicia y restituir todo lo que hemos robado y dilapidado en tantos siglos de egoísmo. Podemos dejar en herencia a nuestros hijos e hijas un mundo más limpio, más respirable, más digno. Podemos acabar con las guerras, con el dolor de millones de desplazados y refugiados que siguen esperando que no nos olvidemos de ellos. Podemos concentrarnos miles en las plazas, pidiéndole a nuestro gobierno que ponga fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país en un exportador de la muerte.

Podemos hacer sonreír, dejar de provocar lágrimas, podemos creer en el futuro podemos empezarlo a construir…

Por todas esas cosas, si que merece la pena que podamos.

 

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Publicado por en junio 28, 2008 en Margullando en la realidad

 

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