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Quedarnos con el trigo y desechar la cizaña.

17 Jul

Buenos días Canarias:

 

La verdad es que todo el mundo no es bueno, lo cierto, es que por mucho que uno crea en la filantropía como motor de la humanidad, lo cierto, digo, es que no todo el mundo es bueno, ni nos podemos fiar de cualquiera.

 

Tengo que reconocerles que a veces me ocurre que cuando analizo el comportamiento de mis alumnos y alumnas, pienso y diagnostico – y sé que no debo hacerlo – qué será de ellos o de ellas el día de mañana. Y de repente me los imagino como profesionales en la prensa, en el mundo de las artes, en la docencia, en los órganos de justicia, en el deporte, incluso en la política… A veces concluyo estas divagaciones mías con una leve sonrisa cómplice, otras con un rictus de preocupación.

 

Pero bueno, me imagino que eso les pasó a mis profesores conmigo, les pasó hasta a mis padres, seguro.

 

Es cierto que muchas veces oí expresiones sobre mí como: “¿Qué va a ser de ti?”, “No sé a dónde vas a llegar como no espabiles”, ”no vas a ser un hombre de provecho”, “tú sigue así y ya verás”, y un largo etcétera. De hecho eso mismo o cosas peores he pensado yo de algunas y algunos en alguna ocasión.

 

Sin embargo la vida me ha enseñado a que aunque debemos educar, también debemos saber esperar.

 

Yo al fin de cuentas, no creo que sea tan mala persona, al final acabe mis estudios, doy clases, educo a otros, no tengo antecedentes penales y la gente que está a mi alrededor me quiere y me valora, qué más se podía pedir.

 

Pero esto lo he visto en otras muchas personas, en amigos que apuntaban mi alto y se quedaron parados en una esquina, en alumnos que fueron defenestrados por todo un claustro y un buen día cambiaron el chip, y hoy son ingenieros, abogados o comerciantes…. Hay que esperar para ver crecer los frutos, hay que tener paciencia y aguardar.

 

Pero ocurre también a la inversa, aquello que prometía, que parecía un éxito garantizado; de repente se vuelve rana. Por ejemplo eso me pasa mucho con la política, con frecuencia me entusiasmo con promesas, con programas que al fin parece que van a arreglar cosas, con políticos y políticas que parecen van a ser rectos, servidores del bien común y honrados… Y entonces una mañana te despiertas pones la radio y te enteras de un tránsfuga, de una prevaricación, de un tráfico de influencias, y dice, más de lo mismo…

 

Comencé diciendo que no hay que fiarse, rectifico, hay que ser más astutos; hay que esperar y ver, hay que hacer como aquella parábola del trigo y la cizaña, esperar a que crezcan para ver lo que es una cosa y otra, para quedarnos con el trigo y desechar la cizaña.

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Publicado por en julio 17, 2008 en Margullando en la realidad

 

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