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Ganar la vida.

28 Ago

Buenos días Canarias:

 

Para la mayoría de nosotros, terminar agosto marca el final del verano. Y como rezan muchas canciones suele ser un momento triste; bien por volver a la rutina, bien por dejar atrás encuentros y reencuentros, bien por abandonar la playa, el campo y retornar a la fría y áspera ciudad.

 

Las vacaciones son un tiempo siempre esperado, deseado con ansias para descansar, para hacer otras cosas. Sin embargo, hay veranos para olvidar; para pasar página y volver rápidamente a la actividad. Hay veranos para olvidar…

 

Cada uno/a hará sus propios balances, y sin duda tendremos momentos maravillosos que colmarán de nuevo nuestras ansias y deseos de esperar desde ya, la llegada de las próximas vacaciones. Pero también hay episodios menos buenos, días grises y de panza de burro que han nublado este estío; momentos personales y colectivos, que también merecen un minuto de nuestras reflexiones.

 

Ayer recibí por fin un correo de Ana. Ana es sin duda la que más conocía entre nosotros a Inés y Vicente. Me contaba cómo recibió la noticia, las angustiosas horas que transcurrieron entre que supo que cogían aquel maldito avión, que los móviles permanecían mudos, y finalmente la confirmación definitiva de que estaban entre las víctimas.

 

Pero Ana es una mujer inteligente y ha sabido aprender de esta terrible lección. Se va a quedar con lo mejor de sus recuerdos, con los proyectos compartidos, con las vivencias que la vida, el azar, o Dios; permitieron que compartieran, y eso es lo que transmitirá a todos y todas aquellas que le pregunten, es lo que guardará en lo más profundo de su corazón; y así permitir que Inés y Vicente sigan estando vivos y presentes en nuestras vidas.

 

Muchos hablan de estas catástrofes como vidas que se han perdido, y en el primer pensamiento es así, vidas truncadas; pero si analizáramos nuestras vidas más profundamente, el éxito, la plenitud de vivir, las metas logradas… no se miden en tiempos sino en intensidad, en calidad. Se pueden vivir cien años y no haber vivido, se pueden vivir unos pocos años y hacerlo en plenitud.

 

Hemos conocido las historias de mucha de las personas que viajaban ese día, y muchas son vidas plenas, intensamente lindas… gente anónima, de las que nos cruzamos a diario por las calles y no despiertan en nosotros ninguna admiración; no habrán conquistado el mundo, pero ganaron sus vidas, las vivieron plenamente y aunque nos parezcan truncadas, permanecerán para siempre y de algún modo entre nosotros.   

 

 

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Publicado por en agosto 28, 2008 en Margullando en la realidad

 

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