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Predicar en el desierto.

12 Dic

Buenos días Canarias:

 

Todos esperamos algo, y más en estos tiempos en los que un día tras otro nos desayunamos con noticias cada vez más grises y tristes.

 

Y posiblemente lo que esperemos sea un cambio, aunque no nos atrevamos a decirlo, sabemos que no se puede continuar así.

 

Recuerdo que cuando era chico, una vez al mes más o menos, tocaba en casa “la pobre”; la llamábamos así “la pobre”. Recuerdo perfectamente su cara, recuerdo sus palabras de agradecimientos, me acuerdo como guardábamos las cosas que ella podía aprovechar; pero sobre todo recuerdo el respeto con el que se le trataba en mi casa.

 

Mi familia no era precisamente una familia adinerada, pero teníamos lo necesario, y desde pequeños se nos enseño a que era posible y necesario compartir. Hablo de finales de los 60 y principio de los 70. En esos momentos la pobreza se respetaba, no se pensaba que el pobre lo fuera por su culpa y eso generaba sentimientos de compasión y solidaridad.

 

Hemos pasado épocas de bonanza, y las riquezas generan egoísmo. Nos hemos olvidado de esto y a la pobreza la hemos llamado marginación, y al marginado/a a veces le hemos responsabilizado de su propia exclusión; y entonces se ha convertido en una amenaza, y ya no les abrimos las puertas de las casas, no los queremos en nuestras aceras, en los bancos de los parques, mucho menos ocupando casas de nuestras barrios.

 

Pero cuando un amigo te dice que quizás va a perder su trabajo, que al ser autónomo no tendrá derecho a paro, que tiene ahorros para tirar unos meses, pero que luego y a su edad no sabe que es lo que va ha poder hacer, que lo único que sabe es que no puede deprimirse porque tiene una familia que sacar adelante… Cuando estas cosas ocurren, te das cuenta que la pobreza es mucho más cercana, que quizás estamos retornando a épocas y situaciones  que pensamos que no volveríamos a ver.

 

Y te das cuenta que los ánimos se van crispando, que se auguran épocas de conflictividad social, que cosas como las que han pasado en Grecia esta semana, pueden irse generalizando; y te preguntas si las medidas que se están tomando son las adecuadas, que los recursos para salvar grandes empresas transnacionales y financieras no llegan para salvar los negocios de los ciudadanos de a pié, para aliviar las deudas, para prevenir la fractura social… y lees, y escuchas, y dialogas, y te das cuenta que las cosas se repiten; que aún hoy cuando se habla de justicia, de dignidad, de igualdad, de compromiso con los más desfavorecidos, en muchas ocasiones, es como alzar la voz en el desierto.

Esperemos que en esta ocasión, los que tengan que escuchar, escuchen.

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Publicado por en diciembre 12, 2008 en Margullando en la realidad

 

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