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¿Año nuevo, vida nueva?

13 Ene

Buenos días Canarias:

Solemos esperar, con no poca ingenuidad por nuestra parte, que cuando comienza un nuevo año todo sea distinto, nuevo, diferente; decimos incluso, amparándonos en el legado de dichos populares: “año nuevo, vida nueva”.

Posiblemente este sea uno de esos años que quisiéramos que eso fuera cierto y más real que nunca, que los augurios y los aperitivos de este nuevo año desaparecieran de repente para dar pié a algo absolutamente nuevo.

Pero mucho me temo que la crisis va a seguir ahí, con dos tazas de paro, con las bolsas de exclusión y pobreza llenándose cada vez más rápidamente, con su amenaza de conflictividad social (hace unos días escuche a una chica que entrevistaban a la salida de un comedor social, se quejaba de que dieran de comer a los inmigrantes antes que a ella; se le veía un chica más o menos preparara, lo que no sé muy bien para qué. Pero me temo que cosas como estas son las que pueden venir).

Para rematar la faena, mientras se lanzaban fuegos artificiales en la Playa de Las Canteras para saludar la llegada del 2009, en Gaza se lanzaban misiles y se han seguido lanzando en una macabra prolongación de no sé qué fiesta en honor a no sé qué fin.

Creo que comprenderán por qué deseo más que nunca, aquello de “año nuevo, vida nueva”.

Pero lo que sí sé, es que las cosas no van a cambiar por si solas, las deberemos cambiar nosotros y nosotras.

Sólo  seremos nosotros y nosotras, los y las  que haremos de esta crisis una catarsis social para hacer un mundo más justo, más sostenible, más solidario.

Sólo seremos nosotros y nosotras, los  y las que acabemos con las guerras, los que seremos capaces de hacer de este mundo inhóspito una casa donde quepamos todos y todas, donde cada uno y cada una tenga su espacio, su voz, su dignidad.

Es curioso, en la era de la comunicación, en la de las convocatorias por SMS, Correos electrónicos, PowerPoints con mensaje, y en donde hasta los carteles publicitarios de las guaguas nos llaman a cuestiones más o menos transcendentes; todo ese potencias lo frivolizamos de tal manera que da pena, que luego en las manifestaciones, en los compromisos reales, a pié de obra, siempre estén más o menos los mismos.    

Se acerca un tiempo en el que o nos comprometemos o quizás nos perdamos para siempre.

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Publicado por en enero 13, 2009 en Margullando en la realidad

 

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