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Nos van a crucificar.

20 Mar

Buenos días Canarias:

Solemos emplear la expresión “me van a crucificar”, cuando creemos que por lo que vamos a decir o por lo que vamos hacer provocaremos el rechazo o la indignación de alguien.

Sin duda la expresión viene por lo que le ocurrió a Jesús, aquel hijo del carpintero y de una madre soltera de Nazaret; al mismo que puso, en poco menos de tres años, patas arriba toda Palestina, sobre todo a los dirigentes de Jerusalén. El mismo que puso en jaque a las autoridades religiosas de su tiempo, cuando afirmaba que Dios estaba más cerca de los pecadores, las prostitutas y los leprosos que de ellos.

A Jesús lo crucificaron por el sermón de la montaña, por predicar una religión liberadora del ser humano, por defender la fe en un Dios padre que no acepta la injusticia, lo crucificaron por decir la verdad, por defender a todos los desterrados y proscritos, a los extranjeros y a los mendigos, a los enfermos y a los marginados.

Parece que ese mensaje se ha dormido, parece que el discurso oficial del cristianismo hoy no tiene que ver con esas cosas, y es raro, porque leprosos sigue habiendo, porque el mundo sigue plagado de injusticias, porque sigue habiendo una necesidad inmensa de pacificar, porque siguen lapidando mujeres aquellos que no están libres de pecado, porque se sigue marginando por mil causas a millones de personas en todo el planeta, sobre todo en zonas como las que ha visitado recientemente Benedicto XVI.

Entonces, como cristiano y como ser humano me pregunto si merece la pena que nos crucifiquen por hablar del preservativo, si merece la pena que demos una imagen de nuestra fe que sólo se aferra a la constante condena moral de todo lo relacionado con el sexto mandamiento; y que conste que no creo que no sea importante, que conste que creo que es muy necesario y muy serio vivir sana y dignamente la sexualidad, vivir una sexualidad abierta a la vida, a la entrega, a la comunión con la pareja, una sexualidad madura y  responsable, quizás por eso insista mucho en la necesidad de formar consciencias y no tanto en condenarlas.

Si me dan a elegir, preferiría que nos crucificaran por defender la verdad, la justicia y la paz; valores éticos y morales que a veces me parecen bastante más urgentes y prioritarios.      

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Publicado por en marzo 20, 2009 en Margullando en la realidad

 

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