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A qué debemos morir.

26 Mar

Buenos días Canarias:

A pesar de esta crisis galopante en la que andamos metidos, sigue sin estar de moda el tema del sacrificio.

Cuando uno oye hablar a los eruditos analistas y a los pragmáticos empresarios, muy pocos son los que hablan de sacrificio propio. Cuando se trata de sacrificar a alguien, que sea a otros. Sacrificamos trabajadores, sucursales, subcontratas y el pago a proveedores; pero ¿Cuántos altos cargos han devuelto sus incentivos, sus primas y sus comisiones por arruinarnos la economía? ¿Cuántos van a devolver sobresueldos, dieta y pluses  de productividad del trabajo ajeno? En épocas de vacas flacas siguen comiéndoselas los mismos.

Y sin embargo, ¿Cómo salir de una crisis sin sacrificios? ¿Cómo iniciar un tiempo nuevo sin renunciar a lo que considerábamos como seguro, y que como hemos visto no lo era tanto? ¿Cuántos están dispuestos a renunciar a algo, a dejarse la piel para salir adelante?

Los orígenes de la cuaresma eran para corregir eso excesos. Que los nobles y ricos dejaran la carne para así alimentar a los más pobres, pero llegaron las indulgencias y las bulas y lo estropearon todo. Seguimos en un mundo al revés, las crisis, las cuaresmas, los sacrificios siempre caen del mismo lado.

Las crisis son para parar, pensar y volver a empezar.

Pero parece que las expectativas no son alentadoras en este sentido, los parches, las recetas para salir de este himpas, por más que las miro, me suena a más de lo mismo. Para renacer hay que morir; para resurgir, primero hay que sucumbir. ¿Estamos acaso en ese momento, en el de sembrar para más adelante recoger?

Si es así, ¿a qué debemos morir?

 Desde luego a lo que nos ha traído hasta aquí: a la insatisfacción de los insaciables, a las ansias del poseer cada vez más, a los retrocesos en humanización y fraternidad, a los avances en la depredación de los recursos sin medir las consecuencias, a la insolidaridad, a las leyes de los más fuertes, a la incomunicación, al ideario y la estética del tener frente a las praxis del ser. A todo lo que mata preventivamente lo mejor del ser humano.

Otro mundo debe ser posible, a pesar del esfuerzo de toda la propaganda neoliberal por convencernos de que «no hay demasiadas alternativas». Sí que las hay, debemos comprometernos para que la sociedad se concientice de la necesidad de superar políticas económicas y sociales que sólo han generado rivalidad y muerte; y entre todos y todas hagamos surgir una nueva civilización, una civilización que al fin no nos sonroje.

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Publicado por en marzo 26, 2009 en Margullando en la realidad

 

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