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Días grises en pleno mayo.

30 Abr

Buenos días Canarias:

Ya les he contado alguna vez que mi hijo Alejandro tiene autismo.

Su madre, sus hermanos y un servidor llevamos 14 años cuidándolo, comprendiéndolo, y ayudándole a acercarse a este lado de la realidad; igual que él hace para que nosotros comprendamos y formemos parte de ese otro mundo en el que él vive.

 Pero hay días grises.

Las personas que cuidad a dependientes lo saben, hay momentos es los que el cansancio nos puede, en los que la angustia y la desesperación parece que nos conducen a tocar fondo. Sin embargo, es el amor el que nos devuelve en cada momento la esperanza y las fuerzas para seguir adelante.

Lo que ocurre es que a veces la impotencia se junta con la rabia, y entonces te dan ganas de estallar y de gritar a los cuatro vientos que no hay derecho, que seguimos solos frente a una sociedad que en medio de todas las crisis sigue dilapidando recursos en fastos, en policías innecesarias, en recursos militares, en gastos de representación y bacanales políticas…

 Mientras, al otro lado, miles de familias, esperan, por más de dos años ya, las prometidas ayudas de una ley de dependencia que sigue siendo mentira, y que es además, pan para hoy y hambre para mañana, porque no afronta el problema desde la raíz.

En Canarias no hay recursos suficientes para la salud mental, y los pocos que hay están dirigidos para los enfermos adultos. Existe un puñado muy pequeño de psiquiatras infantiles autoformados, ya que en España no existe esta especialidad, y la atención infanto-juvenil se acaba de inaugurar en el sistema canario de salud.

Para los que vivimos a diario con ellos, nos parecen migajas y sabemos que nuestros hijos e hijas nunca llegarán a recibir de esta sociedad más que esas migajas con las que algunos se llenan la boca cuando hablan de normalización e integración. Pero seguiremos luchando para que otros, los que lleguen después, a esta sociedad de perfectos, tengan un hueco digno en el que desarrollarse en plenitud.

Hoy quisiera terminar, felicitando a todas esas madre, y si me lo permiten, también a todos esos hermanos y padres que saben lo que significa aprender y entender la vida desde la mirada de personas especiales.

Es como lo del buen pastor con sus ovejas, que las entiende, las cuida, las lleva a los prados que le gustan, las protegen de los lobos y está dispuesto, si fuera necesario a dar la vida por ellas.

Perdonen mi desahogo de hoy…

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Publicado por en abril 30, 2009 en Margullando en la realidad

 

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