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Un nuevo espíritu.

29 May

Buenos días Canarias:

Tengo que reconocerles que cada vez me cuesta más entender lo que pasa en este mundo en el que vivimos.

A veces parece que hablamos idiomas diferentes en la misma ciudad, en la misma isla, el mismo país. Ocurre en muchos casos que unos entendemos blanco mientras otros afirman rotundamente que es negro.

Lo que definitivamente para un sector de la población es bueno sin discusión posible, para otro grupo es absolutamente condenable y síntoma de que vamos proa al maricos.

En las batallas políticas en las que andamos metido esto es absolutamente palpable, y con mucha frecuencia, cansa, desilusiona y genera desapego con lo que de noble puede tener el cuidado de las cosas de la polis.

Hoy más que nunca nuestras ciudades son un calco de lo que ocurrió en Babel, una ciudad en torno a un único proyecto: subir más alto que nadie, ser mejores que los demás. El problema es que nos unimos para proyectos inútiles, para lograr objetivos que nos roban la paz, la alegría, la humanidad; para convertirnos en depredadores de nosotros mismos, en esclavos de nuestra propia hipoteca… y para ello además debemos arruinar la vida de otros, robarles la sangre, el futuro y la esperanza.

Perdonen que sea tan drástico, pero creo que hemos matado el espíritu, el espíritu humano, ese que de rato en rato aparece en nuestro interior para decirnos que no vamos bien, que nos estamos perdiendo, que nuestra felicidad, la auténtica, está en otras cosas.

Pero para eso no hay tiempo en las televisiones, eso no puede ocupar espacios electorales, ni hay planes políticos, ni educativos para ayudar y enseñar a vivir a la población, más bien las estrategias son otras, las de idiotizarnos con culebrones y realitys que hagan, que cuando luego la realidad se confunda con ellos, ya nada nos sorprenda.

Mientras tanto exportamos esta mentira, esta torre social que construimos sin pilares, al resto del planeta, para que el deseo de ser como nosotros, la envidia por llegar a donde hemos llegado, mueva a continentes enteros a querer aunque sean nuestras migas; y venden sus almas, a veces sus vidas, para llegar a ser como nosotros… ¡Qué ironía! No saben el final de la historia… Lo cierto es que Babel fue una ruina.

Por eso necesitamos otro espíritu para cambiar esto, necesitamos el espíritu de Jerusalén, el de la ciudad de la paz, el puente entre caminos, el espacio del auténtico encuentro de civilizaciones, la ciudad de Dios… Necesitamos otro proyecto, más auténtico, más abierto, más humano, aunque sea menos ambicioso.

Para ese proyecto no hay elecciones que ganar, sólo hay que escuchar y vivir desde ese espíritu que Dios ha sembrado en nosotros. 

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Publicado por en mayo 29, 2009 en Margullando en la realidad

 

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