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Dignidad Gay.

14 Ago

Buenos días Canarias:

Esta semana recibí el siguiente sms:

“ Con el lema <Por una Iglesia sin armarios> un grupo de creyentes lesbianas, gays, transexuales y bisexuales vamos a manifestarnos este sábado a las 7, en Mesa y López. Me gustaría que nos acompañaras. Si te animas, avísame y te explico. Un abrazo” y lo firmaba un amigo.

Conozco a varios amigos gays que son y se consideran creyentes, conozco sus historias y en la mayoría de los casos, sé lo mucho que han sufrido. No es nada fácil comprender, desde nuestra perspectiva heterosexual, el mundo de la homosexualidad sobre todo porque durante siglos se nos ha llenado la cabeza de prejuicios.

Y es que son eso, pre-juicios, juicios que nos hacemos a priori de las personas por ser esto o aquello. Creo que todos los hemos sufrido alguna vez, y todos hemos prejuzgado a otros en alguna ocasión. Normalmente cuando conocemos bien a las personas, lamentamos el juicio que nos hicimos de ella, lo comentamos y nos partimos de risa. Al final, concluimos que somos algo más que una apariencia, un cliché, una etiqueta.

Con el paso del tiempo he ido comprendiendo a mis amigos y amigas homosexuales, no me ha costado mucho, porque les quiero tal como son, por lo que son, y he aprendido a aceptarles como ellos me aceptan a mí.

Con uno de estos amigos, lo pasé especialmente mal, por su dolor, nunca se atrevió a dar un paso adelante, los condicionantes familiares, sociales y religiosos fueron ahogando su vida hasta el punto de convertirlo en una persona con un nivel de autoestima muy baja, no consiguió nunca reconciliarse con su vida y eso creo que le influyo para no superar una enfermedad que finalmente le llevó al encuentro con el Padre.

Recuerdo muchas tardes de conversación en la que le invitaba a levantar el ánimo y le decía aquello de que lo importante es el amor,  que desde luego yo no creo en un Dios que condene, sino en el Dios de Jesús, aquel que descubrió entre la muchedumbre a todos y todas a los que la sociedad les había robado la dignidad: a la mujer marginada por su enfermedad, a los excluidos y pecadores, a los analfabetos, publicanos y prostitutas; el mismo Jesús que nos dice “contigo hablo, levántate” y levantase es levantar la vista y recuperar la dignidad, es también poder amar y no avergonzarse por ello…

El sábado me daré una vuelta por Mesa y López, creo que se lo debo, estoy seguro que Jesús también pasará por allí.

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Publicado por en agosto 14, 2009 en Margullando en la realidad

 

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