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Lo que Dios ha unido…

05 Oct

Buenos días Canarias:

 

Temía desde hace un año, que me tocara comentarles este texto, no sabía muy bien cómo enfrentarme a él, ni que fuerza moral tendrían mis palabras al confrontar este Evangelio con mi vida. Sin embargo sé que muchos me van a entender.

 

Nunca me pareció fácil hacer un juicio sobre un proyecto que se rompe, nuca quise tomar partido, ni culpar a nadie. Cuando una pareja fracasa no sólo los dos tienen una parte de responsabilidad en lo que haya pasado, sino es también, y de algún modo, un fracaso de toda la sociedad.

 

Cada vez soy más consciente y me sorprende la cantidad de gente que está sola, que vive sola.

 

Cuando comienza un curso, suelo hacer una encuesta para conocer mejor al alumnado, cada año crecen los porcentajes de los proyectos familiares fracasados. Nadie está exento de ello. Pero la pregunta es por qué, qué es lo que ocurre para que cada vez aumenten más el número de divorcios, ¿es un tema estructural o exclusivamente personal?

 

Cierto es que en épocas pasadas los problemas no fueron menos, pero la cultura de la resignación, el papel sumiso de la mujer y su falta de independencia social, cultural, sexual y económica; hacían que los proyectos fracasados fueran integrados en una vida familiar de engaños, aguante y resignación. ¿Es acaso mejor ese tipo de vida, que asumir un fracaso e intentar un proyecto de nuevo?

 

Cuando Jesús pronunció las palabras del Evangelio de hoy, ¿fue tan contundente por un tema moral o social? El repudio, el divorcio en su época era una práctica común, incluso contemplada en la ley mosaica. Era un abuso y un reflejo del patriarcado más feroz de la época. La mujer quedaba absolutamente desprotegida, estaban al arbitrio de las decisiones, primero de su padre y luego de su marido. Jesús lo que está defendiendo es la dignidad de la mujer frente a estos abusos.

 

Sin duda muchas mujeres siguen hoy sufriendo estas  situaciones, pero las leyes están para velar e impedir que esto ocurra.

 

Cualquier separación es un fracaso, y cualquier fracaso trae consigo dolor; pero el dolor y el fracaso no tienen sentido sino es para resurgir de ellos, para admitir los errores, para perdonar y que se nos perdone, y para volver a intentar la aventura de convivir.

 

Antes comentaba que no sólo debe ser entendido y vivido como un fracaso personal, también, el índice tan alto de matrimonios rotos, tiene que llevarnos a pensar en un fracaso social, en la necesidad de hacer un análisis profundo de la familia como valor, de los medios y recurso invertidos en su protección, de la responsabilidad del estado en garantizar el bienestar, la seguridad, la ayuda y la protección de todos y todas; y las políticas encaminadas a generar una cultura para la convivencia, el respeto y el amor. Si esto fuera así, quizás muchas familias tendrían la posibilidad de superar sus crisis, no les parece.

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Publicado por en octubre 5, 2009 en Margullando en la realidad

 

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