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“…y los suyos no le recibieron”

16 Dic

Son muchos y muchas los que han pasado por el aeropuerto de Lanzarote en este último mes. A muchos y muchas les han movido sentimientos nobles, otros y otras han visto la oportunidad de una foto. Cada uno, cada una, ha quedado retratado nunca mejor dicho.

También son muchos y muchas los que han mostrado su apoyo a Aminatou a través de cartas, mensajes y acciones a lo largo de toda la geografía nacional e internacional.

Por si esto fuera poco, se han multiplicado las acciones diplomáticas para recabar pronunciamientos y apoyos de todas las instancias e instituciones de cierta relevancia. El mismo Mohamed Abdelaziz, y con él la diplomacia del Frente Polisario, han aumentado sus esfuerzo por llegar a todos los despachos y palacios de los que algo tienen que decir en este concierto planetario. Han llegado hasta el Vaticano.

Hablando del Vaticano, ¿dónde está la jerarquía eclesial en este tema? La local y la nacional; y digo donde está la jerarquía, porque a la Iglesia si la he visto en muchas manifestaciones, en muchas concentraciones, he leído con orgullo el escrito de un grupo de amigos sacerdotes, pero me vuelvo a lamentar por no ver, por no escuchar, por no encontrar a los pastores de esta iglesia en las inmediaciones del camastro de Aminatou.

En las últimas semanas se ha hablado mucho en la conferencia episcopal del derecho a la vida, del crimen que supone truncar una vida inocente. También se enfadan mucho nuestro obispos cuando se les dice:  “zapatero a tus zapatos”, y de algún modo reivindican su legítimo derecho a participar en la vida socio-política española.

 Me gustaría que cuando todo esto pasé, nadie les pueda decir ¿dónde estaban ustedes? ¿Por qué no les han  criticado por tomar partido por los más déblies, por los inocentes, por los pacíficos, por los desheredados de su tierra, por los que vinieron a su casa y plantaron su haima entre ustedes?

 Posiblemente, y por desgracia, estas serán las Navidades de Aminatou. La Navidad es la fiesta de los proscritos, de los que no tiene sitio en ninguna posada, de los más humildes, y es la fiesta de la paz; ojalá nadie nos tengan que volver a reprochar aquello que escribió Juan “vino a los suyos y los suyos no le recibieron”.

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Publicado por en diciembre 16, 2009 en Margullando en la realidad

 

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