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La Nausea

04 Nov

 

Cuando en el mismo telediario, tu gobierno condena y manifiesta su lucha decidida por evitar la lapidación de una mujer iraní y musulmana acusada -no está claro si de adulterio o de asesinato-, y a la vez dice que sólo puede lamentar la muerte de ese niño inocente de 14 años, saharaui y musulmán, asesinado por el gobierno al que defiende y representa la persona que está sentada al lado tuyo en la misma rueda de prensa… a mí me dan nauseas.

 

Cuando recuerdas la defensa que ese gobierno ha hecho y hace de una ley de memoria histórica, cuando has escuchado de ellos discursos encendidos, mítines y entrevistas en las que defienden la necesidad de rehabilitar a las víctimas y a sus familias, sin importarles otra cosa que no sea hacer justicia, aunque sea al pasado; y a la vez descubres el inmovilismo, el mirar para otro lado, el tapase la nariz ante otros fascismos, otros dictadores , otras torturas, otros presos políticos, otros desaparecidos y represaliados, personas y pueblos con los que realmente tenemos una deuda histórica… a mí me dan nauseas.

 

Cuando hablas de encuentro de civilizaciones e ignoras a pueblos hermanos.

Cuando hablas de construir la paz y la seguridad internacional, y no paras de hacer negocios con las armas que fabricas.

Cuando has dejado de acudir a manifestaciones para defender los derechos de los pueblos y comienzas a hacer visitas internacionales, cumbres y encuentros bilaterales con aquellos gobiernos que son sus verdugos y los que violan sus derechos… a mí me dan nauseas.

 

No hay razón que exija la indignidad.

No hay mercado que valga más que la vida.

No hay  poder que merezca tanta muerte.

No hay balanza que se incline ante la hipocresía.

No hay moral que dicte la ignominia.

 

 Cuando tú te sigues llenando la boca de progresismo, de ideales y de justicia… a mi me siguen dando ganas de vomitar.

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Una respuesta a “La Nausea

  1. Beatriz

    noviembre 4, 2010 at 3:02 pm

    Ciertísimo.
    Y es que cuando el discurso se tiñe de demagogia y las palabras son intercambiables, masticables, estirables, sirven para justificar lo blanco y su opuesto, acompañan discursos que esconden modos dictatoriales e interesados que se embellecen con ellas…
    Cuando la honesta línea entre ser y el designar se diluye…
    Es entonces cuando urge reiniciarnos.

     

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