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Nosotros, los de entonces

10 Feb

Muchas veces te lo dije.

Tú te reías, y hacías aspavientos. Y yo, que cuidado, que las cosas ya no son como parecen, y para eso no hay vacuna. Los virus más peligrosos, ni se ven venir.

 Les dejamos. Nos pusimos a la intemperie. Y tú, que qué exageraciones. Es agotador nadar contra corriente.

Lo cierto es, que ya no somos. Y se nos enfría más pronto el café. Y se pasan las tardes. Y bueno, ya si eso, mañana. Si nada nuevo aparece, ya no me miras, por si acaso. Algún bufido extraño por respuesta. A veces nos observamos tan perdidos, desde el otro lado de nuestras vidas. Y sin embargo qué desnudos. Y a pecho descubierto, nos conformamos con amigos que no elegimos. Les tenemos a todos en casa, van con nosotros a la playa y a la oficina. Cuando hacíamos el amor, estaban. Y nosotros recordando, pensado cómo éramos antes de mirarnos sólo los pies, cuando dilatábamos las medias tardes porque el tiempo no nos daba para tanto. Ahora ya ves, ahí tumbados. Algunos ratos se hacen insufribles entre pajaritos metálicos y frías emociones encriptadas.

 Es cierto, les dimos toda facilidad. Ingenuos o borrachos de ego, pusimos en sus manos nuestras llaves, los recuerdos, nuestros viajes, la música que ya no oímos, todas nuestras cartas boca arriba. Y se supo lo nuestro desde antes de que fuéramos. Mis sueños de ser alguien desgranando letras, tus pensamientos más obscenos, lo que comprabas a deshoras, lo que dejamos de leer. Supieron de tus gustos y mis rechazos. Y cuando volvías tarde a casa, lo sabían antes de que entraras y encendieras la luz para buscar el cargador.

Y estábamos muertos antes de morirte. Y supieron que te había fallado aquella noche. Y no me diste el último beso. Y te levantaste preocupado, porque nadie te hizo caso, ni en tus sueños. Y estabas al margen de todos. Y el café te supo a rayos. Y te vestiste a desgana. Y no tenías tiempo de pasar por una tienda. Y estábamos muertos antes de que te mataran. Y te mató la furgoneta que no viste, porque le sonó el «Qué pasa» a la vieja que iba a cruzar a tu lado, y creíste que era el grupo de desconocidos, y echaste mano al bolsillo por si la resurrección. Y ella no pudo retenerte, porque ibas enfilado. Y yo, desde la Window, oí el pitidito, y eran ellos, los que siempre están aunque no se les vea, los que nos descubrieron, formaron peña, y decidieron seguirnos a todos lados. Y quedaste tendido en la calle. Y no sé si se dieron a la fuga, o nunca estuvieron. No salen en las fotos que hice de tu muerte. Y fuimos al fin Trending Topic en las redes. Y me piden amistad otros que dicen conocerte. Y sigues, pero no estás ¿No estás, o no has sido?

Y ya no lloro porque me faltas desde hace mucho. Creo que están borrando tu rastro. Ya no me acuerdo. Yo también me estoy quedando sin batería.

Publicado en el nº2 de la revista “Arte y Cultura”. Febrero 2015

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Publicado por en febrero 10, 2015 en Relatos

 

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