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Presentación del poemario “Con la que no tiene palabras. Poética con Alejandro”

20 Mar

Cuadernos la Gueldera. Centro Canario Estudios Caribeños -El Atlántico-,

 Las Palmas de G.C. 2018

Poner palabras al silencio no es sólo difícil, sino imposible, y hasta si me lo permiten, una profanación. Por eso este poemario ha sido previamente un diario, unos relatos y hasta un intento de novela, pero posiblemente la única y más pura forma de comunicarnos sea la poesía.

Este poemario tiene dos voces, la de Alejandro, que es la voz de lo esencial, sin vuelta de hoja, la voz sincera de quien quiere hacerse entender entre el caos y el ruido de nuestra realidad. Esa voz que hemos intentado comprender, descubrir y hacer nuestra los que compartimos con él la vida. Es una voz inocente y directa, una voz sin dobles intenciones, sin metáforas que distorsionen su verdad. Es una voz que se vuelve misterio cuando no estamos en la misma frecuencia, una voz que enseña a mirar la realidad desde otra orilla, una orilla de la que, con mucha frecuencia, nos alejamos sin darnos cuenta, y entonces provoca miedo, tristeza y hasta espanto.

La otra voz es la del que observa desde el otro lado del puente, tratando de comprender. Con demasiados prejuicios para cruzar, convencido a veces de que la verdad está en este otro lado y, desde ahí, arrolla y arrastra, en vez de dejarse llevar, de fluir con la inocencia.

Comprendimos tarde la poética de Alejandro, -ya sé hijo, que es más difícil que el japonés-. Quizás por eso se han caído tantos poemas por el camino, y ni siquiera los que han quedado nos dan para entendernos.

Hoy les entrego este diálogo, este ejercicio de buscarnos en los imposibles, en los miedos, en las infinitas risas que cada tarde siguen volando, desde su decirse hasta nuestro entendernos. Sólo espero que sirva para hacerlos más visibles, para integrarnos en su mundo.

Me gustaría que fuera también un canto de esperanza para todas aquellas familias que, demasiado solas, luchan a diario por hacerles este mundo más habitable, más comprensible. Es cierto que las dos primeras partes del poemario tienen demasiados nubarrones, demasiados escombros. Pero es un diario de esperanza, unas cartas al arcoíris que anuncian luz, sol y playas en verano, para no saber, ya, lo que es el miedo los domingos por la tarde.

Con la que no tiene palabras

Todas tus miradas tienden a infinito.

Buscas gestos o echas cuentas

en las pausas de la radio.

El semáforo en ámbar

es la tregua que pactamos.

Todos tus silencios campan a sus anchas.

Tardaste en percibir

las urgentes grafías del japonés,

el genoma de esas letras

que danzan entre nosotros,

trino de nubes por despejar,

horizontes que nunca llegan.

¿Acaso se puede apresar una ola con las manos,

las risas viejas en un tarro de mermelada?

«La que no tiene palabras, no se puede decir»,

ni siquiera chillando nos llega.

Sigues cantando los intentos,

la dicción perfecta de los mudos,

la lengua muerta de los huracanes.

«No sé. Será», dices,

como preludio de las dietas.

Ahora,

la paciencia de entendernos,

sin rehuir la mirada.

Y bailas calendarios con las manos

mientras un perro bruto,

te muerde los cordones.

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Publicado por en marzo 20, 2018 en Sin categoría

 

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