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Archivo de la categoría: Crónica de los olvidados

Luminarias

Han vuelto a adornar las calles,

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luminarias falsas de bajo consumo.

Estampitas de colores que ocultan borrones.

Frases hechas de felicidad caduca.

Los viernes negros se extienden

más allá de los eslóganes de noviembre.

Y tocan palmaditas en la espalda,

conjuros de mentiras,

cenas que no atragantan.

Mucho alcohol para pasar el trago

del último telediario del año,

donde nadie nos dirá

cómo será la vieja noche

en los rincones del planeta

donde no se cena,

ni se bebe,

y él único deseo posible es

que al menos por esa noche

no se iluminen los cielos.

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Sin remordimientos

Nos tocó nacer a este lado de la trinchera,

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donde la muerte es un episodio de otros

y aún trinan alegres pájaros al alba.

Nos tocó ver de lejos los escombros,

esquivar las virutas del dolor sin esfuerzo,

pasar de puntillas por las pérdidas

y aún nos queda tiempo para atardecer.

Nos tocó podar miradas

sin demasiadas prudencias,

sin tiempo apenas para pensar en inciertos,

y aún tenemos la despensa llena de futuros.

Nos tocó seguir soñando,

seguir celebrando rasguños de vida

sin demasiados sobresaltos

sin demasiadas preguntas.

Nos tocó disparar primero,

sembrar de sangre todo horizonte.

Despertar luego,

sin demasiados remordimientos.

 

Los ojos flotan para siempre en la memoria.

“Los ojos abiertos de los ahogados son una interrogación. Miran a la muerte, preguntan, piden explicaciones. Cuando la muerte ajena depende de nosotros, los ojos flotan para siempre en la memoria.”Luis García Montero

 Pegado de <http://www.infolibre.es/noticias/opinion/2014/02/15/los_ahogados_13584_1023.html>

Los ojos hablan más que las palabras. Preguntan, ríen, sueñan en voz alta, y a veces callan para siempre.

Anoche mis ojos, atónitos,  escucharon a los contertulios de turno tratando de depurar responsabilidades por “lo de Ceuta”. “Lo de Ceuta” que son más de treinta ojos que siguen espantadamente muertos.

No me interesan los culpables. Todos somos culpables, por nuestra hipocresía, nuestra pasividad frente a los que canonizan unas vidas y desprecian otras.

Al final, parece que sólo importaba de qué lado cayeron, dónde tragaron más agua, dónde perdieron su brillo de esperanza aquellos ojos.

Al menos los ojos de los seres humanos son todos iguales, miran de igual modo, y entienden… Aunque haya quienes siempre prefieran mirar a otro lado.

NáufragosInmigrantes-Ceuta

Tiritando de miedo,
en mar envueltos.
Cuarenta noches les mentimos,
les hicimos creer,
que afuera,
aguardaban los sueños.
 
Ahora,
los  regresamos,
sin lamerles las heridas,
ni el fracaso.
Les deportamos,
sin nada,
sin rumbo,
más perdidos todavía.
Náufragos de todo.

 

 

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La dignidad no puede ser condenada a cadena perpetua

 307350_418929988194775_206141425_n Hace 37 años, los que entonces dirigían los destinos de España, firmaron a escondidas la venta y el futuro de un pueblo. Nadie es dueño de un pueblo, los pueblos son dueños de sí mismos.

  A los ciudadanos y ciudadanas de bien siempre nos ha resultado repulsivo el abuso de poder y la dejación de responsabilidades de sus dirigentes. Ante ello nos revelamos  y ejercemos la solidaridad con los desterrados, los olvidados, los exiliados, los abandonados.

  La defensa de la causa saharaui es, sin lugar a dudas, una de las señas de identidad de la solidaridad del pueblo español. Nosotros no queremos olvidar, no queremos mirar para otro lado, no toleramos el olvida y las artimañas de la “política internacional” que mercadea con el futuro de las personas y los pueblos.

  Anoche se vivió un capítulo más de esta ignominia. Un tribunal militar “juzgó” y condenó a los 24 presos políticos saharaui de Gdeim Izik , cuyo delito ha sido defender los derechos humanos, proclamar y defender su identidad, manifestarse pacíficamente. Les condena un “reino invasor”, gobernado por un sátrapa que tiene sus manos manchadas de sangre inocente, en un “país” que no respeta nada, ni a nadie, que se dice -y para vergüenza de todos así se lo reconocen, tapándose la nariz supongo, la comunidad internacional – , un país  democrático, amigo, y defensor de la libertad y el progreso…   Nueve cadenas perpetuas, cuatro condenas a treinta años de cárcel, siete condenas a veinticinco años, tres condenas a veinte años, sólo dos presos ha sido puestos en libertad. Esta es la sentencia absurda de un juicio absurdo, con el beneplácito de una comunidad internacional cada vez más enferma y disparatada.

  Los medios hoy, una vez más, apenas se han hecho eco de esta noticia. Nuestras corrupciones, nuestras crisis, nuestra falta de democracia y libertad empañan todo. Como expiando nuestras culpas, todo se está virando y volviéndose en contra nuestra. Los que ayer miraban y señalaba las miserias de otros, hoy ni se sonrojan cuando les destapamos sus vergüenzas.

¿Qué será lo próximo?

  El día que ese “vecino y amigo” se revire y muestre realmente sus cartas, los que se sentaron a su mesa, los que le vendieron armas para la represión por un euro, los que les entregaron cartas y cheques en blanco para que se movieran a su antojo… todos ellos, les llamarán barbaros, terroristas, criminales, enemigos y huirán con el rabo entre las patas.

  Sólo quedaremos resistiendo los de siempre, las mujeres y los hombres de bien, los pueblos que entendieron que la libertad, la dignidad, la justicia y la paz, no pueden tener precio.

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La indiferencia

Reacción

Debemos ser los mismos, los que nos interrogamos por qué tanta indiferencia, y los indiferentes. Nos preguntamos por qué tanta indolencia. Pasamos las tardes  investigando en las redes virtuales  quiénes se están moviendo. Mientras, las calles están solas y vacías.

Ellos, los otros, los que nos obligan a preguntarnos, calculan las respuestas. Las suyas para seguir engañando. Las nuestras para saber que, aún hoy, seguimos aguantando.

 

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Carta de despedida

Querido señor, o señora, da igual… A quien proceda o corresponda:

¿Qué hacemos ahora, ahora que ya nada importa, que usted ha perdido lo suyo y yo me he quedado sin palabras? Ahora que los plazos le obligan y a mí me sobra el tiempo. ¿Qué tienen que ver ahora las cifras, las estadísticas, los balances y los objetivos trazados? Ya nada de eso importa, usted sigue siendo usted y yo… yo no sé que seré, si acaso hay algo.

 Me voy, ahí le dejo eso. Posiblemente, para usted, no sea nada. Un expediente más, una tarea inconclusa. Para mí lo fue todo: un proyecto, una vida. Mil recuerdos sobre papel pintado de sueños. Risas que llenaron las mañanas de domingos e inviernos al abrigo. Fue ternura y espanto. Fue calma y algarabía. Navidades blancas y de las otras. Algunos años bisiestos… Ahora ya, nada vale nada.

 Me voy, ahí le dejo eso. Quédense con todo, se lo regalo: las fotos, los calderos, los muebles viejos. Espero que le solucionen la crisis.  A mi ya todo me sobra.

 Seguramente no me alzarán un monumento. No seré como el joven tunecino que levantó un país. Seré solo un nombre, un rictus de vergüenza pasajera, una más de las víctimas de esta mentira que nos dieron.

 Eso me llevo, una mentira. Nunca he creído demasiado, pero es posible que aquello sea más verdad que esto. O, por lo menos, eso espero.

 Querido señor, o señora, da igual… A quien proceda o corresponda: métanse mi vida por el culo.

 Atentamente

Amaia

Barakaldo a 10 de noviembre de 2012

 

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Ahora vienen a por nosotros

Esquilmamos durante siglos a pueblos enteros, financiamos dictaduras, armamos a sus niños, robamos su futuro condenándoles a la esclavitud de unas deudas impagables. Luego les acusamos de terroristas, de gente sin escrúpulos dispuestas a saltarnos al cuello. Les atacamos preventivamente, no fuera a ser que ellos dispararan primero. Aprovechamos los daños colaterales para seguir quedándonos con lo nuestro, hipotecando aún más si cabía la posibilidad de otro mundo posible. Hicimos leyes a nuestra medida, incumplimos las que pactamos con ellos, sólo importaba seguir engordando. Nos convencimos de que siempre tiene que haber alguien que pierda, no podemos ganar todos. “Nosotros los pueblos” dijimos, mientras el nosotros eran sólo ellos. Vendimos sus tierras, compramos su silencio, contaminamos el agua y el viento, quemamos los bosques, plantamos el hambre, condenamos a millones a muerte… estaban muy lejos.

No hicimos nada y vinieron a por nosotros.

Ahora el nosotros es una entelequia. Nadie sabe ya quiénes son ellos, cada vez son menos y más poderosos, y más grande la miseria del nosotros.

 

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