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“Arena entre los pies” ya en las librerías.

a2ebd-10423868_10207129698628999_1010931549015898950_nYa puedes adquirir la novela “Arena entre los pies” en las siguientes librerías de Las Palmas de Gran Canaria:

Librería Canaima

Librería del Cabildo de Gran Canaria

Librería Sinopsis

Librería TAO

Librería Párrafo, en Santa Brígida y San Mateo, Gran Canaria.

Librería Punto y Coma, Sevilla. Alameda de Hércules, 36

Y en formato digital en Amanzo, por tan sólo 3,91€.

Si alguien quiere, se puede enviar por correo postal.  Mandarme un correo a : helio.ayala@gmail.com. Coste de la novela 12€, más 3€ de gastos de envío (Canarias y Península). Para otros destinos consultar costes.

 
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Publicado por en julio 16, 2015 en Arena entre los pies, Novela

 

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Book tráiler “Arena entre los pies”

 
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Publicado por en junio 4, 2015 en Arena entre los pies, Novela

 

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“Arena entre los pies” Lee el primer cápitulo

CartelTe invito a leer el primer capítulo de mi novela “Arena entre los pies”.
Una novela cargada de sentimientos.
La historia del pueblo saharaui desde el relato de un gran amor.
Un homenaje a los miles de activistas y personas que defendieron, y defienden, la dignidad, la libertad y la justicia de los pueblos.

Bruselas. Abril de 2016

Sonó el teléfono. Descolgué distraído mientras trataba de seguir leyendo el informe que tenía delante.

—¿Sí, dígame?

Salam aleikum, Antonio. Soy Omar Saleck.

—¡Omar! ¿Cómo estás? ¿Va todo bien?

La-bas, la-bas, Antonio. ¿Y tú, bien?

—Sí, sí, trabajando, como siempre.

—Mira Antonio, tengo que decirte –hizo una pausa para tragar saliva–, que Aisha murió anoche…

—¿Antonio, estás ahí? –insistió.

—Sí –le contesté, mientras una grieta se abría en mi interior.

—Antonio, debes venir, tu hijo y tu hija te necesitan, aquí, ahora.

—Ya. Intentaré ir lo más pronto posible.

No me extrañó y, sin embargo, nunca me había preparado lo suficiente para encajar aquella noticia. Los dos nos habíamos jugado la vida en alguna ocasión, casi siempre con la seguridad de que nunca seríamos blanco de ninguna bala perdida del destino. Pero, allí estaba, incrustada justo en medio del pecho, y dolía a morir.

No me sería fácil dejarlo todo ahora y viajar hasta Argelia. El trabajo en Bruselas se había convertido en una dulce esclavitud desde hacía ya dos años.

Al principio pensé que se podrían lograr cosas. Me dije a mí mismo que era en esos fogones donde había que cocinar un cambio de menú para el mundo y para el Sáhara. Pero lo que más había cambiado eran mis hábitos alimenticios, mi ritmo de vida –que ya no me pertenecía–, y mi cuenta bancaria, lo único que había engordado.

Aquella llamada me devolvía a la realidad, o más bien, a los sueños de un pasado casi novelesco del que no sabía cuándo había despertado. Me quedé absorto, con las manos apoyadas en la barbilla y la mirada perdida en ese pasado, que regresó con olor a té verde y aroma de mujer.

Durante el almuerzo hice algunas gestiones con el fin de acelerar el viaje a los campamentos. Anulé algunas reuniones que tenía pendientes esa semana. Llamé a Clara para que organizara los billetes hacia Argel y luego a Tinduf, no antes del jueves, ya que el miércoles tenía que asistir al pleno. No sabía el tiempo que podría estar allí, así que le dije que no comprara billete de vuelta, pero que estuviera atenta a los vuelos de final de mes. Le avisaría desde allí, para que me cerrara el regreso.

Llamé a Ahmed. Como de costumbre, nadie contestó.

La tarde transcurrió entre dos reuniones tediosas y las explicaciones, a los compañeros de bancada y secretarios técnicos, de la necesidad de ausentarme unos días. Ya en el hotel, frente a una pizza recalentada y un vaso de leche, me pregunté qué era lo que debía sentir por ella, por mis hijos, por aquel pueblo que en otro tiempo me removió las entrañas. Estaba más que perdido. Tremendamente solo y vacío.

Antes de entrar al plenario del miércoles le escribí un mensaje al móvil: «Sé q estás enfadado conmigo, seguro q ahora +. Salgo mañana para allá. Necesitan algo?» Un rato después noté vibrar el teléfono. Lo saqué y leí: «Nada para mí, trae medicinas para la abuela».

No tenía tiempo de pasar por casa. Ni siquiera sabía ya dónde estaba, si en Canarias, en Madrid, en Bruselas. Tenía mis cosas y mi vida tan repartida que al despertar, en muchas ocasiones, no adivinaba dónde estaba. Así es que, tras el pleno, me fui a comprar una mochila, algo de ropa cómoda, medicinas y algunas golosinas para los más pequeños.

Cogí el vuelo de las 9:00 a Madrid. El tránsito en Barajas sería breve, a las 13:30 embarcaría rumbo a Argel. Allí, tendría que esperar hasta la mañana siguiente para tomar un vuelo regular a Tinduf. Llegaría el viernes a media mañana.

[…]

Participa en el evento de su presentación

  

 
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Publicado por en mayo 25, 2015 en Arena entre los pies, Libros, Novela

 

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