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Archivo de la categoría: Reflexiones a destiempo

Lectores empedernidos

whatsapp_77_645xÉramos de los peores índices de lectura de Europa. En ciudades como la mía, en las que no hay metro, y las distancias son  más bien cortas, era muy difícil ver a alguien leyendo. Tal vez en la consulta de un médico, en la playa, rara vez en un parque.

Tenemos un clima envidiable, aquí las terrazas duran todo el año, pero antes eran para charlar ruidosamente mientras tomábamos compas. Ahora te encuentras a amigos, familiares, parejas… que no  pueden parar de leer ni cuando están juntos.

En pocos años, el panorama ha cambiado radicalmente. Ahora es raro que veas a alguien caminando por la calle con la cabeza alta. Vas en la guagua y todo el mundo, servilmente con su cabeza gacha. Hasta los guardias civiles de la aduna de los aeropuertos, están a su lectura. En los centros escolares hay que castigar a los que agachan la cabeza para leer entre las piernas. Los índices de accidente de tráfico han variado, ahora hay más muertes por distracción lectora que por tasas de alcoholemia. A poco que te descuides, tienes que pedir perdón, o esperar pacientemente  a que tu interlocutor acabe de leer y enviar sus lecturas, para que te pueda atender apenas el minuto y medio en el que vuelve a llegar un nuevo mensaje, que debe leer de inmediato como si en ello le fuera la vida.

 Si, los índices de lectores se disparan,  y es que el Whatsapp nos está cambiado la vida. Ahora tenemos todo el tiempo del mundo para leer.

 

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Pa habernos matado.

419803_2878274207388_1575997935_32549741_1147686312_n  Hace tiempo aprendí, aunque a veces lo olvido, que de tarde en tarde uno debe parar y analizar si la vida te lleva, o si es uno el que lleva las riendas de su vida.

  Se trata de ser consciente, de estar despierto, de estar atento. La atención plena significa ser dueño de uno mismo. Ser, en todo momento. No es fácil, pero es fundamental.

  La falta de atención puede costarnos la vida. Una distracción al volante, un paso mal dado, un no mirar por dónde se va, puede llevarnos a un accidente mortal en un segundo.

  Uno puede perder lo que más quiere por no estar atento en su cuidado. Lo decía Lennon: “la vida es eso que ocurre mientras estamos ocupados en otra cosa”.

  Llevo tiempo entrenándome para estar atento, y aunque a veces lo olvido, sé que todo me va mejor desde que lo intento. La necesidad surgió, como casi siempre, cuando descubrí que la vida se me iba y yo no estaba viviéndola, cuando una mañana al despertar, sentencié ante el espejo: esto no es vida. A partir de ahí, creo que desperté, que tomé las riendas de un caballo desbocado y retorné a una senda que nunca se debe abandonar, so pena de perdernos para siempre.

  Sin embargo, hay momentos en los que uno se distrae del camino, deja de poner la atención en él  y en lo que nos anuncia que está por venir, y pasa lo que pasa, una rama se cruza, un socavón que no se ve, alguien que pasa y zaaas, al piso de nuevo, a tratar de levantarte, a reconstruirse de nuevo. Al final, si uno tiene suerte, retoma la seda, se sacude el polvo, seca alguna lágrima, y afirma para sus adentros: “Pa habernos matado. Esto me pasa por no estar atento”.

 
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Publicado por en marzo 25, 2013 en Reflexiones a destiempo

 

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La dignidad no puede ser condenada a cadena perpetua

 307350_418929988194775_206141425_n Hace 37 años, los que entonces dirigían los destinos de España, firmaron a escondidas la venta y el futuro de un pueblo. Nadie es dueño de un pueblo, los pueblos son dueños de sí mismos.

  A los ciudadanos y ciudadanas de bien siempre nos ha resultado repulsivo el abuso de poder y la dejación de responsabilidades de sus dirigentes. Ante ello nos revelamos  y ejercemos la solidaridad con los desterrados, los olvidados, los exiliados, los abandonados.

  La defensa de la causa saharaui es, sin lugar a dudas, una de las señas de identidad de la solidaridad del pueblo español. Nosotros no queremos olvidar, no queremos mirar para otro lado, no toleramos el olvida y las artimañas de la “política internacional” que mercadea con el futuro de las personas y los pueblos.

  Anoche se vivió un capítulo más de esta ignominia. Un tribunal militar “juzgó” y condenó a los 24 presos políticos saharaui de Gdeim Izik , cuyo delito ha sido defender los derechos humanos, proclamar y defender su identidad, manifestarse pacíficamente. Les condena un “reino invasor”, gobernado por un sátrapa que tiene sus manos manchadas de sangre inocente, en un “país” que no respeta nada, ni a nadie, que se dice -y para vergüenza de todos así se lo reconocen, tapándose la nariz supongo, la comunidad internacional – , un país  democrático, amigo, y defensor de la libertad y el progreso…   Nueve cadenas perpetuas, cuatro condenas a treinta años de cárcel, siete condenas a veinticinco años, tres condenas a veinte años, sólo dos presos ha sido puestos en libertad. Esta es la sentencia absurda de un juicio absurdo, con el beneplácito de una comunidad internacional cada vez más enferma y disparatada.

  Los medios hoy, una vez más, apenas se han hecho eco de esta noticia. Nuestras corrupciones, nuestras crisis, nuestra falta de democracia y libertad empañan todo. Como expiando nuestras culpas, todo se está virando y volviéndose en contra nuestra. Los que ayer miraban y señalaba las miserias de otros, hoy ni se sonrojan cuando les destapamos sus vergüenzas.

¿Qué será lo próximo?

  El día que ese “vecino y amigo” se revire y muestre realmente sus cartas, los que se sentaron a su mesa, los que le vendieron armas para la represión por un euro, los que les entregaron cartas y cheques en blanco para que se movieran a su antojo… todos ellos, les llamarán barbaros, terroristas, criminales, enemigos y huirán con el rabo entre las patas.

  Sólo quedaremos resistiendo los de siempre, las mujeres y los hombres de bien, los pueblos que entendieron que la libertad, la dignidad, la justicia y la paz, no pueden tener precio.

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La indiferencia

Reacción

Debemos ser los mismos, los que nos interrogamos por qué tanta indiferencia, y los indiferentes. Nos preguntamos por qué tanta indolencia. Pasamos las tardes  investigando en las redes virtuales  quiénes se están moviendo. Mientras, las calles están solas y vacías.

Ellos, los otros, los que nos obligan a preguntarnos, calculan las respuestas. Las suyas para seguir engañando. Las nuestras para saber que, aún hoy, seguimos aguantando.

 

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¡Dios nos coja confesados!

—Hoy vamos hablar del pecado —les dije el viernes a mis alumnos y alumnas.gse_multipart47630

Comprenderán, que sus ojos se abrieron como nunca antes lo había hecho un viernes a primera hora.

Les expliqué que quería partir de lo que había ocurrido el día anterior en nuestro país. Ni idea.

—No podemos vivir de espaldas al mundo, tenemos que saber que pasa a nuestro alrededor.

Les dije que la corrupción no es otra cosa que una agresión al proyecto humano, y desde ahí fuimos desgranando que es eso de ser un Ser Humano. Llegamos a los valores, a la necesidad de una ética universal de mínimos que puedan reconocer todas las culturas, todas las tradiciones, todas las religiones, todas las ideologías; y concluyeron que se podía reducir al respeto a la vida, respeto a los demás y a la veracidad.

Volvimos al principio para darnos cuenta de que en este momento, en nuestro país, esos principios fundamentales están ausentes, y ponen en peligro los cimientos de nuestra convivencia.

Esta generación va a gobernar, van a ser los profesores y las profesoras del mañana, las periodistas, los jueces y abogadas, las empresarias y los banqueros. ¿Qué les vamos a dejar? ¿Cuál va a ser el legado ético sobre el que cimentarán su convivencia?

Se supone que los que nos gobiernan hoy, recibieron una formación ética y humanística basada en principios cristianos, incluso aún se jactan de ello.

¡Dios nos coja confesados!

 

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Carta de despedida

Querido señor, o señora, da igual… A quien proceda o corresponda:

¿Qué hacemos ahora, ahora que ya nada importa, que usted ha perdido lo suyo y yo me he quedado sin palabras? Ahora que los plazos le obligan y a mí me sobra el tiempo. ¿Qué tienen que ver ahora las cifras, las estadísticas, los balances y los objetivos trazados? Ya nada de eso importa, usted sigue siendo usted y yo… yo no sé que seré, si acaso hay algo.

 Me voy, ahí le dejo eso. Posiblemente, para usted, no sea nada. Un expediente más, una tarea inconclusa. Para mí lo fue todo: un proyecto, una vida. Mil recuerdos sobre papel pintado de sueños. Risas que llenaron las mañanas de domingos e inviernos al abrigo. Fue ternura y espanto. Fue calma y algarabía. Navidades blancas y de las otras. Algunos años bisiestos… Ahora ya, nada vale nada.

 Me voy, ahí le dejo eso. Quédense con todo, se lo regalo: las fotos, los calderos, los muebles viejos. Espero que le solucionen la crisis.  A mi ya todo me sobra.

 Seguramente no me alzarán un monumento. No seré como el joven tunecino que levantó un país. Seré solo un nombre, un rictus de vergüenza pasajera, una más de las víctimas de esta mentira que nos dieron.

 Eso me llevo, una mentira. Nunca he creído demasiado, pero es posible que aquello sea más verdad que esto. O, por lo menos, eso espero.

 Querido señor, o señora, da igual… A quien proceda o corresponda: métanse mi vida por el culo.

 Atentamente

Amaia

Barakaldo a 10 de noviembre de 2012

 

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Ahora vienen a por nosotros

Esquilmamos durante siglos a pueblos enteros, financiamos dictaduras, armamos a sus niños, robamos su futuro condenándoles a la esclavitud de unas deudas impagables. Luego les acusamos de terroristas, de gente sin escrúpulos dispuestas a saltarnos al cuello. Les atacamos preventivamente, no fuera a ser que ellos dispararan primero. Aprovechamos los daños colaterales para seguir quedándonos con lo nuestro, hipotecando aún más si cabía la posibilidad de otro mundo posible. Hicimos leyes a nuestra medida, incumplimos las que pactamos con ellos, sólo importaba seguir engordando. Nos convencimos de que siempre tiene que haber alguien que pierda, no podemos ganar todos. “Nosotros los pueblos” dijimos, mientras el nosotros eran sólo ellos. Vendimos sus tierras, compramos su silencio, contaminamos el agua y el viento, quemamos los bosques, plantamos el hambre, condenamos a millones a muerte… estaban muy lejos.

No hicimos nada y vinieron a por nosotros.

Ahora el nosotros es una entelequia. Nadie sabe ya quiénes son ellos, cada vez son menos y más poderosos, y más grande la miseria del nosotros.

 

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