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Archivo de la categoría: Relatos

Nosotros, los de entonces

Muchas veces te lo dije.

Tú te reías, y hacías aspavientos. Y yo, que cuidado, que las cosas ya no son como parecen, y para eso no hay vacuna. Los virus más peligrosos, ni se ven venir.

 Les dejamos. Nos pusimos a la intemperie. Y tú, que qué exageraciones. Es agotador nadar contra corriente.

Lo cierto es, que ya no somos. Y se nos enfría más pronto el café. Y se pasan las tardes. Y bueno, ya si eso, mañana. Si nada nuevo aparece, ya no me miras, por si acaso. Algún bufido extraño por respuesta. A veces nos observamos tan perdidos, desde el otro lado de nuestras vidas. Y sin embargo qué desnudos. Y a pecho descubierto, nos conformamos con amigos que no elegimos. Les tenemos a todos en casa, van con nosotros a la playa y a la oficina. Cuando hacíamos el amor, estaban. Y nosotros recordando, pensado cómo éramos antes de mirarnos sólo los pies, cuando dilatábamos las medias tardes porque el tiempo no nos daba para tanto. Ahora ya ves, ahí tumbados. Algunos ratos se hacen insufribles entre pajaritos metálicos y frías emociones encriptadas.

 Es cierto, les dimos toda facilidad. Ingenuos o borrachos de ego, pusimos en sus manos nuestras llaves, los recuerdos, nuestros viajes, la música que ya no oímos, todas nuestras cartas boca arriba. Y se supo lo nuestro desde antes de que fuéramos. Mis sueños de ser alguien desgranando letras, tus pensamientos más obscenos, lo que comprabas a deshoras, lo que dejamos de leer. Supieron de tus gustos y mis rechazos. Y cuando volvías tarde a casa, lo sabían antes de que entraras y encendieras la luz para buscar el cargador.

Y estábamos muertos antes de morirte. Y supieron que te había fallado aquella noche. Y no me diste el último beso. Y te levantaste preocupado, porque nadie te hizo caso, ni en tus sueños. Y estabas al margen de todos. Y el café te supo a rayos. Y te vestiste a desgana. Y no tenías tiempo de pasar por una tienda. Y estábamos muertos antes de que te mataran. Y te mató la furgoneta que no viste, porque le sonó el «Qué pasa» a la vieja que iba a cruzar a tu lado, y creíste que era el grupo de desconocidos, y echaste mano al bolsillo por si la resurrección. Y ella no pudo retenerte, porque ibas enfilado. Y yo, desde la Window, oí el pitidito, y eran ellos, los que siempre están aunque no se les vea, los que nos descubrieron, formaron peña, y decidieron seguirnos a todos lados. Y quedaste tendido en la calle. Y no sé si se dieron a la fuga, o nunca estuvieron. No salen en las fotos que hice de tu muerte. Y fuimos al fin Trending Topic en las redes. Y me piden amistad otros que dicen conocerte. Y sigues, pero no estás ¿No estás, o no has sido?

Y ya no lloro porque me faltas desde hace mucho. Creo que están borrando tu rastro. Ya no me acuerdo. Yo también me estoy quedando sin batería.

Publicado en el nº2 de la revista “Arte y Cultura”. Febrero 2015

 
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Publicado por en febrero 10, 2015 en Relatos

 

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Purorrelato 2013

sahara-libre3“Tan cerca, tan lejos”

Casa África ha publicado  el relato “Tan cerca, tan lejos” (Pág. 70), que envié al certamen “Purorrelato”. Me alegro sobre todo porque para mí era una llamada de atención a esta institución para que no olvide que, aunque les han usurpado su tierra, el pueblo saharaui existe y forma parte de África. SAHARA LIBRE!

http://www.casafrica.es/casafrica/Publicaciones/Purorrelato2013.pdf

En el patio arenado de la escuela, la maestra les explicaba en qué consistía el programa. Los mayores, los ya viajados, intervenían a su requerimiento para ratificar lo que ella contaba.

Nunca había ido más allá de aquellas jaimas. La hamada había sido su hábitat de siempre. Ahora viajaría a unas islas que estaban extrañamente cerca y lejos a la vez.

Las primeras semanas fueron duras, todo le era extraño, no entendía nada, ni era capaz de hacerse entender. Las sensaciones le desbordaban, nada era como había imaginado.

La familia que le acogió en Gran Canaria le llevó a ver el mar, a partir de ese día, todo fue mejor. En sus viajes, durante cuatro años, cuando sentía la nostalgia de casa, pisar la arena de Las Canteras le traía hasta sus pies las dunas de Smara.

Aprendió mucho mejor el castellano. Supo que más allá del destino está la voluntad y la solidaridad humana. Vivió ocho meses de su vida la experiencia de no faltarle de nada. Comprendió el término justicia.

La que sería para siempre su otra familia, vivía en Plazoleta de Perón. Desde el balcón de la casa, siempre vio aquella fachada inconclusa. La noche antes de su último regreso, lo hicieron. Bajaron con sigilo, y en la fachada de Casa África, donde estaban las demás banderas, colgaron la que faltaba. Abrazados, supieron que al fin se había hecho justicia. Ahora sí era la casa de todos.

 
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Publicado por en febrero 1, 2014 en Relatos

 

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Revista Shukran, nº 36

Revista Shukran, nº 36

Revista Shukran, nº 36   En la página 23 de este número de la revista Shukran, participo con un pequeño relato y un poema.
 
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Publicado por en septiembre 30, 2012 en Poemario, Prensa, Relatos

 

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El cazo de Lorenzo

Un bonito cuento.

Gracias Fer.

 

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