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Lo que no saben hacer los imbéciles

JAVIER CERCAS 03/10/2010 EL PAIS

El número de septiembre de la revista Letras libres contiene una interesantísima correspondencia entre el escritor J. M. Coetzee y Arabella Kurtz, profesora de psicología en la Universidad de Leicester. El hilo conductor de ese diálogo es la vindicación que Coetzee hace de la empatía, entendiendo por tal cosa la capacidad de identificarnos imaginativamente con otra persona, de meternos en su cabeza y en su piel, de ver el mundo como ella lo ve: una capacidad que Coetzee parece valorar casi tanto como nuestra capacidad de razonar. Esa vindicación permite a los dos interlocutores discurrir acerca de asuntos diversos, sobre todo acerca de la paternidad y la educación, lo que resulta particularmente instructivo en el contexto español. Quiero decir que en España el debate sobre la educación parece a menudo encallado en el debate sobre la autoridad, o más bien sobre la crisis del concepto de autoridad, que se traduce en la falta de autoridad de padres y profesores; pero, formulado en esos términos, el debate es, me parece, desoladoramente pobre, si no inútil, porque el problema no es si padres y profesores deben ejercer la autoridad –cosa que debería darse por descontada–, sino cómo pueden o saben o quieren ejercerla. Pues bien, respondiendo a la visión trágica que Coetzee tiene de la paternidad –“Es parte de la tragedia de la paternidad que el amor de los padres no se reconozca como amor”, escribe; “es decir, que el amor entre padres e hijos es unilateral”–, afirma Kurtz: “Hablando como hija, pienso que cuando un padre ama a sus hijos, cuando intenta entenderlos y cuidarlos en sus propios términos y no se relaciona con ellos a partir de sus necesidades personales, esto es percibido como amor, incluso desde una edad muy temprana. Hablando como madre, pienso que algunas veces es tremendamente difícil amar a tus hijos de este modo”.

Me parece exactísimo: la cuestión no radica en ejercer la autoridad sobre un niño –esto sabe hacerlo hasta un imbécil–, sino en ejercerla después de identificarnos imaginativamente con él, de meternos en su cabeza y en su piel, de ver el mundo como él lo ve, y de hacerlo todo ello en función de sus necesidades y no de las nuestras; esa es sin duda una operación difícil, pero también una forma de que la paternidad se parezca un poco a lo que era para Kafka, que nunca tuvo un hijo: “Lo máximo a que, a mi parecer, puede aspirar una persona”. No todo el mundo tiene esa capacidad de empatía, sin embargo, o no todo el mundo está dispuesto a realizar ese esfuerzo. En 1966 el dramaturgo Arthur Miller tuvo un hijo con síndrome de Down; recién cumplidos los 51 años, Miller juzgó que aquel hijo, de nombre Daniel, desbarataba su proyecto vital, y a los cuatro días de su nacimiento lo ingresó en un orfanato, lo borró de su vida y no volvió a verlo hasta que 29 años más tarde, al terminar un acto público en el que él acababa de hablar en defensa de un discapacitado mental acusado de asesinato, su hijo abandonado subió al escenario, le dijo quién era y lo abrazó. La historia de Miller es conocida; no menos conocida es una historia opuesta. Tres años antes de que naciera el hijo deficiente de Miller, nacía el hijo deficiente del novelista Kenzaburo Oé; se llamaba Hiraki y era hidrocefálico y autista, y los médicos aconsejaron al padre dejarlo morir. Por entonces Oé acababa de cumplir 28 años y tenía una vida y una carrera literaria prometedoras por delante, pero no aceptó la sentencia de los médicos, y, tras una operación, su hijo siguió viviendo. A partir de aquel momento Oé dedicó exclusivamente su vida a cuidar a su hijo, y sus obras a tratar de entenderlo (y a tratar de entenderse a sí mismo a través de su hijo); a este doble empeño se debe quizá que Hiraki Oé sea ahora mismo un reconocido compositor musical y se debe sin duda que Kenzaburo Oé sea uno de los grandes narradores vivos, porque muchos de sus libros –entre ellos obras maestras como Una cuestión personal o como Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura– constituyen un salvaje esfuerzo moral por asumir su responsabilidad en el destino de su hijo y un esfuerzo imaginativo asombrosamente logrado por ponerse en la piel de su hijo.

Es dudoso que Kenzaburo Oé hubiera llegado a ser el enorme escritor que es sin haber aceptado con plenitud a Hiraki Oé; es un hecho que, a partir de mediados de los sesenta, cuando fue incapaz de aceptar a Daniel Miller, Arthur Miller entró en decadencia y dejó de ser el enorme escritor que había sido. Me disculpo: quizá es abusivo, o simplista, establecer una relación de causa y efecto entre la irresponsabilidad moral y la decadencia artística de un escritor. De hecho, quizá es irresponsable hablar de irresponsabilidad moral. Puede ser. Pero, si tiene razón Savater y todo lo que cuenta en la ética es el reconocimiento de lo humano por lo humano y el deber íntimo que nos impone, entonces quizá no lo es. Porque quizá no hay ética sin empatía.

 

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El Velo.

Vicente Verdú

Rehuyo instintivamente meterme en los asuntos que despiertan una voracidad opinativa desaforada y general pero el caso de aceptar o prohibir el velo ( el hyjab islámico) en las escuelas públicas, como en el actual conflicto de Pozuelo (Madrid) me impulsa a declarar que mi mundo no es de este reino. Toda la argumentación sobre la neutralidad de la escuela laica no es más que un fanatismo de la llamada neutralidad. La verdadera neutralidad sería la no intervención en los hábitos y creencias de cada uno. Choca que mientras los alumnos convivan entre sí cordialmente, más allá de las adscripciones religiosas particulares, venga la autoridad a señalar que todos somos iguales y, en consecuencia, sobran los signos de identidad. ¿Una escuela sin identidades? ¿Unos alumnos sin particularidad? Sólo la ofuscada idea de la Ilustración, cuantificando, normalizando, homogeneizando en aras de la razón puede llevar. En su colmo, a esta sinrazón. A este anacronismo de la negación de las diferencias y a esta represión de los sentimientos como un subproducto de la personalidad. ¿En qué tiempo estamos? ¿En qué apolillado cerebro se atora la autoridad oficial? 

[Publicado el 21/4/2010 a las 11:00]

 
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Publicado por en abril 21, 2010 en El margullo de otr@s

 

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Aporías de la nueva década (y 3)

VICENTE VERDÚ  23/01/2010 En El Pais.com

La tercera aporía o problema sin “visible” solución tiene lugar en el espacio de la educación. Un campo tan principal como mal labrado y cultivado.

Unos y otros, intelectuales y políticos en vigor, formados en la vieja cultura del “capitalismo de producción”, señalan dos males capitales en los alumnos que les condenan al fracaso y la lasitud.

Uno es el de “la falta de espíritu de sacrificio”, de la ética del esfuerzo y toda la retahíla que denuncia la ausencia de abnegación. El otro mal, también muy subrayado, se refiere al caos del aula consecuencia del poco o nulo respeto que se presta a la autoridad del maestro.

Contra el primer déficit -“falta de sacrificio”- no se ha emprendido acción concreta alguna, pero contra el segundo, la Comunidad de Madrid ha decidido considerar al profesor como “autoridad pública” y aumentar así la gravedad de las penas que recaigan sobre quien lo insulte o agreda.

Antes de esta última medida, el Gobierno de Esperanza Aguirre pensó incluso en reinstalar tarimas en las aulas como modo de escenificar la superioridad del docente y su figura sagrada.

Sobre los resultados de la llamada Ley de Autoridad del Profesor, todavía en fase de proyecto, podría ya anticiparse que no resolverán nada esencial. La razón es que los dos factores demonizados (falta de espíritu de sacrificio en el alumnado, falta de respeto a la autoridad del profesor) se corresponden con dos pilares culturales del puro espíritu de nuestro tiempo y no son, como se piensa, lacras o virus a combatir.

Si los muchachos no muestran espíritu de sacrificio y sí, por el contrario, reclamación de recompensas antes de haberse esforzado, es porque reproducen el espíritu mismo de la prosperidad en la cultura de consumo donde primero se obtiene la cosa y luego llegan los pagos, donde primero se recibe el piso o el goce y luego aparecen los efectos secundarios.

Exigir penalidades antes de obtener el paraíso fue la ecuación religiosa que inspiró el éxito del “capitalismo de producción”: primero se ahorraba a través de privaciones y después se adquiría, al contado, la cosa.

La cultura de consumo invirtió esta ecuación y las mismas leyes sobre educación que permiten pasar de curso sin haber aprobado varias asignaturas son uno de sus correlatos. Primero el ascenso de grado y, más tarde, los duros efectos secundarios.

A las asignaturas se las llama aún “disciplinas” como efecto de pertenecer históricamente al universo del dolor. Pero ese mundo en que el dolor, o el ahorro o la represión sexual, tenían sentido es ya un mundo acabado.

Tan acabado como el invocado respeto a la autoridad. Todas las instituciones y sus máximos representantes, desde la política a la Iglesia, desde los bancos a los medios de comunicación, se hallan desacreditados. Respetar a la Autoridad se contradice con este desprestigio al que contribuye no sólo la escandalosa corrupción de las autoridades sino el auge del poder en red.

La generación Internet se ha formado en la participación y la interacción, no en la obediencia a un jefe. Los líderes en la red lo son por su capacidad de emulación y el grupo (también en las empresas, también en la ciencia) se constituye en fuente de intercambio de saber. No es un faraón del conocimiento quien imparte doctrina sino que la doctrina o el conocimiento se realizan en cooperación: en la propuesta y su cola de correcciones. Quien no entienda esto será presa del pasado. Más pegajoso que instructor, menos sabio que impertinente.

 
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Publicado por en enero 24, 2010 en El margullo de otr@s

 

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Uno de los nuestros.

Buenos días Canarias:

No es lo mismo decir «el que no está conmigo, está contra mí», que decir «el que no está contra nosotros, está con nosotros». Hay una sutil diferencia. En la segunda afirmación nadie se arroga la exclusividad de  ningún proyecto, de ninguna verdad absoluta; sino que entiende que otros y otras pueden estar en la verdad y sumando también. ¡Qué importante es ver las cosas así! Desde la precepción de los otros.

090923_G20_Pittsurg_378El jueves pasado les comenté a mis alumnos que muchos dirigentes estaban reunidos en la ONU,  que de aquí a diciembre se van a suceder las cumbres internacionales,  las de los grupos de poder, y que es muy importante estar atentos, ya que en este tipo de reuniones anuales la humanidad se juega un poco de su prestigio, un mucho de credibilidad, y  no menos del destino de nuestro futuro.

Es cierto que cuando les hablo de estas cosas, en muchos momentos me miran con cara de “no me ralle profe”; pero cuando les digo que depende de su interés o desinterés el que nos sigan engañando, dando largas o simplemente no haciendo nada por cambiar el rumbo de acontecimientos como el cambio climático, la pobreza, la injusticia, la paz… Entonces a veces las caras cambian.  

En el fondo todos sabemos lo que está bien y lo que está mal, incluso desde la aparente desidia estudiantil, desde la etiqueta de pasotas de muchos jóvenes; siempre hay una pequeña luz de esperanza cuando se les habla de estos temas,  cuando los interiorizan y los hacen suyos, aunque sea por un momento. Cómo y cuándo esas semillas comenzarán a germinar y dar frutos, eso es decisión de cada uno.

Los que hemos alcanzado un pequeño grado de conciencia estamos ahí para sembrar, para hacerles ver que es muy importante, que mañana, cuando ellos lleguen, cuando les toque a ellos presidir cumbres y asambleas, sean capaces de estar con los otros, a favor de los otros, los que hasta hoy sufren nuestro olvido, a veces hasta  nuestro rechazo;  y andar con ellos hacia la construcción de otro mundo posible.

Esperemos que así sea.

 
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Publicado por en septiembre 26, 2009 en Margullando en la realidad

 

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LA UTILIDAD PERVERSA DE LOS PROFESORES

Hoy me llegó esto por correo, es un poco largo, pero me parece de mucho interés para profes y alumnos/as, con la que está cayendo… Es de un excelente profesor, José Antonio Younis, catedrático universitario…

 

Mentir, en base a una poderosa maquinaria propagandística y de relaciones públicas, es la base más significativa de este gobierno siempre que han habido conflictos en educación. El centro de gravedad de las mentiras se desplaza continuamente de la política a la educación, de la educación a la economía, de la economía al modelo cultural de televisión populista de “Quiero ser como Pepe” o en “En Clave de Ja”, y de esta cultura comercial de masas de la televisión canaria al pressing-catch (una fabulosa mentira de puñetazos y patadas que entusiasma a los niños) de  la educación primaria y secundaria.

Como ya saben los niños, en el pressing-catch el atractivo está en los luchadores. Todos tienen una personalidad definida, un estilo propio que hace a los niños identificarse más con unos que con otros. En este caso, los que van perdiendo son los profesores: no solamente no han cambiado las actitudes públicas hacia estos profesionales, sino que han empeorado comparando el hoy con los resultados de un estudio doctoral de 1992. Entonces los profesionales de la enseñanza decían que lo que más les preocupaba eran los conflictos con la administración, la falta de recursos y la pérdida de prestigio, además de la falta de una política clara de gestión del tiempo para su propia formación.

Prestigio y sueldo son dos factores íntimamente relacionados en los estudios de sociología de las profesiones. Está claro que el gobierno no hubiera tratado con la misma vara injusta las reivindicaciones salariales de los médicos u otro colectivo con más poder. De hecho, en el seguimiento de la huelga de médicos de hace algunos años se comprueba que la propia opinión de la gente a “pie de hospital” era a favor de justificar estas reclamaciones. Por cierto, que el salario de los profesores se constituye en un elemento más de la crisis de identidad que les afecta. En todos los países del occidente europeo, los profesionales de la enseñanza, en todos los grados, tienen unos niveles de retribución sensiblemente inferiores a los de otros profesionales de su misma titulación.

Si los cambios sociales pasan por alguna institución, no es por la política. La educación es la clave. La democracia de ficción de los gobiernos nacional-populistas es hacer  caudillismo demagógico tomando como referencia de la cultura canaria, Willy García dixit, programas muy nuestros como los de Pepe, Panchita y Panchito que tanto éxito están teniendo. ¿Éste es el talento canario en el mundo, que nadie sabe en qué consiste como muy bien apunta Teresa Cárdenes en sus crónicas sobre el llamado Septenio Canario? Pero a lo mejor sí sabemos si nos fijamos en el menudeo cultural, en la sopaboba de la dedocracia canaria para dirigir los dineros hacia la nada. Pero en la educación, para los maestros y maestras, no hay plata sino pressing-catch. El “talento canario” está en el trabajo diario de ser profesor en las condiciones sociales y culturales actuales y no morir en el intento. Pero de las miserias de casa pocos se atreven a preguntar o siquiera fijarse de refilón, y es por eso que prácticamente han desmantelado el Instituto Canario de Estadística, no sea que los números “canten”.

Las tres redes escolares de Canarias, la privada, la privada concertada y la pública, son el reflejo de nuestra sociedad clasista. Como en el resto del país, es el panorama del mercado escolar. En este panorama, un sector social determinado de padres se fija mucho en la tipología del origen étnico y social de los centros a donde quieren enviar a sus hijos. Las clases medias-altas y altas de Canarias “meten” a sus hijos en la privada y hasta en la privada concertada. La clase media en la concertada, con el beneplácito implícito de pagar alguna cuota para no mezclar a sus hijos con los inmigrantes y demás. Y  el resto, sin remedio, a los colegios públicos. A todo esto, lo triste es que el gobierno de Paulino favorece a sus amigos de la privada, alimentando una enseñanza no basada en la inclusión social, sino en la exclusión social.

El gobierno y la jauría de la Consejería que ha soltado sus perros de caza detrás del profesorado, no dice nada de las ventajas inclusoras de la escuela pública, donde existen familias con mayores necesidades y desventajas sociales, económicas, culturales e incluso étnicas. Gracias al profesorado y a pesar de la falta de calidad político-ética del gobierno en dotar mejor a la pública, el destino de la cohesión social no ha llegado al horror de la fragmentación social.

Los y las trabajadoras sociales tienen casi nula presencia en los centros. Y en los servicios de orientación psicopedagógica hay profesionales que se tienen que repartir entre tantos centros que casi llegan  a la división celular. Mientras, durante la ausencia intermitente de estos servicios, el voluntarioso profesorado cubre estas deficiencias multiplicando sus roles y sus funciones.

Y así sucesivamente, el profesorado hace de todo para dar respuesta a los múltiples problemas sociales que asaltan a la pública. Y es precisamente la pública la que en Canarias peor lo pasa. España, que es de los países con mayor proporción de alumnos en centros privados observa diferencias según regiones: las menos desarrolladas económicamente como Canarias son las que tienen más proporción de alumnos en la pública. Y de la pública son los ninguneados en el conflicto de la homologación, los mismos que tienen que hacer de casi todo, ayudando así reducir el nivel de conflicto social y la falta de cohesión social creada por las otras políticas de bienestar, economía y distribución de riqueza por parte del gobierno. La pública recibe el malestar social creciente en Canarias y lo despeja mediante actividades sociales y culturales: elaboración de proyectos de mejora socioeducativa, salidas extraescolares, organización de fiestas en la comunidad escolar, animar a los padres a la participación… Es decir, para quien todavía no lo entienda, haciendo un trabajo invisible de creación de vínculos sociales que contribuye a impedir la fragmentación social. De este modo, es poco probable que nadie haya pensado todavía en la gran utilidad política y social del profesorado. Esto solamente se ve a “pie de patio”, a “pie de aula”, a “pie de comunidad”. Una utilidad que, como en la película “Un día sin mexicanos”, donde la ausencia de los mexicanos hundía económicamente a los Estados Unidos, pasaría lo mismo si de repente todos los maestros desaparecieran. Entonces nos daríamos cuenta de la perversa utilidad política de los profesores. ¿Les parece sufiente esta contrapartida?

 

José Antonio Younis Hernández

 

 

 
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Publicado por en junio 7, 2008 en El margullo de otr@s

 

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