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Archivo de la etiqueta: Indignados

Los ojos flotan para siempre en la memoria.

“Los ojos abiertos de los ahogados son una interrogación. Miran a la muerte, preguntan, piden explicaciones. Cuando la muerte ajena depende de nosotros, los ojos flotan para siempre en la memoria.”Luis García Montero

 Pegado de <http://www.infolibre.es/noticias/opinion/2014/02/15/los_ahogados_13584_1023.html>

Los ojos hablan más que las palabras. Preguntan, ríen, sueñan en voz alta, y a veces callan para siempre.

Anoche mis ojos, atónitos,  escucharon a los contertulios de turno tratando de depurar responsabilidades por “lo de Ceuta”. “Lo de Ceuta” que son más de treinta ojos que siguen espantadamente muertos.

No me interesan los culpables. Todos somos culpables, por nuestra hipocresía, nuestra pasividad frente a los que canonizan unas vidas y desprecian otras.

Al final, parece que sólo importaba de qué lado cayeron, dónde tragaron más agua, dónde perdieron su brillo de esperanza aquellos ojos.

Al menos los ojos de los seres humanos son todos iguales, miran de igual modo, y entienden… Aunque haya quienes siempre prefieran mirar a otro lado.

NáufragosInmigrantes-Ceuta

Tiritando de miedo,
en mar envueltos.
Cuarenta noches les mentimos,
les hicimos creer,
que afuera,
aguardaban los sueños.
 
Ahora,
los  regresamos,
sin lamerles las heridas,
ni el fracaso.
Les deportamos,
sin nada,
sin rumbo,
más perdidos todavía.
Náufragos de todo.

 

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Una sociedad enferma

La impunidad de los mentirosos y tramposos, se ha convertido en una seña de identidad muy peligrosa para la convivencia.

Alguien se propone llegar al poder adoquinando el camino de mentiras, y lo consigue.

Entonces se cree con patente de corso para hacer lo que le parezca, y se siente para ello legitimado.

Manejan el bien común desde el engaño y el robo,  y del bien-estar nos dejan sólo con el bien-estuvo.

Ya nadie se molesta en contrastar. No tiene valor ninguna palabra. Le hemos perdido el respeto al honor, a lo que es decente, a la justicia. Estamos empezando a no creer en nada, y a no creer a nadie.

La presunción de inocencia muere ante la certeza de que nadie es impune.

Nunca tuvimos tan claro que la justicia es ciega, manca y coja. Una justica cautiva, no es justicia.

Y ahí estamos, en una crisis que no se va a resolver en ningún mercado, que no sanara en ningún hospital privatizado, que se perderá entre los programas mercantilistas de una escuela que agoniza.

La sociedad está enferma, sus miembros han perdido el norte, y el sálvese quien pueda no dejará más que victimas y escombros de lo que fuimos.

Hijos de Eva

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En el ensayo general 
del fin de los tiempos,
aúllan sirenas.
Cabalgando colores
rondan la muerte.
El insomnio del hambre,
la victoria amarga
que nos deja la guerra.
 
¿Hasta dónde
se extiende el ocaso?
La estampida del ser
hacia el abismo.
 
En una esquina del paraíso,
los hijos de Eva,
se atragantan
chupando caramelos.
    
 
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Publicado por en octubre 2, 2013 en Margullando en la realidad, Poemario

 

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La indiferencia

Reacción

Debemos ser los mismos, los que nos interrogamos por qué tanta indiferencia, y los indiferentes. Nos preguntamos por qué tanta indolencia. Pasamos las tardes  investigando en las redes virtuales  quiénes se están moviendo. Mientras, las calles están solas y vacías.

Ellos, los otros, los que nos obligan a preguntarnos, calculan las respuestas. Las suyas para seguir engañando. Las nuestras para saber que, aún hoy, seguimos aguantando.

 

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¡Dios nos coja confesados!

—Hoy vamos hablar del pecado —les dije el viernes a mis alumnos y alumnas.gse_multipart47630

Comprenderán, que sus ojos se abrieron como nunca antes lo había hecho un viernes a primera hora.

Les expliqué que quería partir de lo que había ocurrido el día anterior en nuestro país. Ni idea.

—No podemos vivir de espaldas al mundo, tenemos que saber que pasa a nuestro alrededor.

Les dije que la corrupción no es otra cosa que una agresión al proyecto humano, y desde ahí fuimos desgranando que es eso de ser un Ser Humano. Llegamos a los valores, a la necesidad de una ética universal de mínimos que puedan reconocer todas las culturas, todas las tradiciones, todas las religiones, todas las ideologías; y concluyeron que se podía reducir al respeto a la vida, respeto a los demás y a la veracidad.

Volvimos al principio para darnos cuenta de que en este momento, en nuestro país, esos principios fundamentales están ausentes, y ponen en peligro los cimientos de nuestra convivencia.

Esta generación va a gobernar, van a ser los profesores y las profesoras del mañana, las periodistas, los jueces y abogadas, las empresarias y los banqueros. ¿Qué les vamos a dejar? ¿Cuál va a ser el legado ético sobre el que cimentarán su convivencia?

Se supone que los que nos gobiernan hoy, recibieron una formación ética y humanística basada en principios cristianos, incluso aún se jactan de ello.

¡Dios nos coja confesados!

 

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Carta de despedida

Querido señor, o señora, da igual… A quien proceda o corresponda:

¿Qué hacemos ahora, ahora que ya nada importa, que usted ha perdido lo suyo y yo me he quedado sin palabras? Ahora que los plazos le obligan y a mí me sobra el tiempo. ¿Qué tienen que ver ahora las cifras, las estadísticas, los balances y los objetivos trazados? Ya nada de eso importa, usted sigue siendo usted y yo… yo no sé que seré, si acaso hay algo.

 Me voy, ahí le dejo eso. Posiblemente, para usted, no sea nada. Un expediente más, una tarea inconclusa. Para mí lo fue todo: un proyecto, una vida. Mil recuerdos sobre papel pintado de sueños. Risas que llenaron las mañanas de domingos e inviernos al abrigo. Fue ternura y espanto. Fue calma y algarabía. Navidades blancas y de las otras. Algunos años bisiestos… Ahora ya, nada vale nada.

 Me voy, ahí le dejo eso. Quédense con todo, se lo regalo: las fotos, los calderos, los muebles viejos. Espero que le solucionen la crisis.  A mi ya todo me sobra.

 Seguramente no me alzarán un monumento. No seré como el joven tunecino que levantó un país. Seré solo un nombre, un rictus de vergüenza pasajera, una más de las víctimas de esta mentira que nos dieron.

 Eso me llevo, una mentira. Nunca he creído demasiado, pero es posible que aquello sea más verdad que esto. O, por lo menos, eso espero.

 Querido señor, o señora, da igual… A quien proceda o corresponda: métanse mi vida por el culo.

 Atentamente

Amaia

Barakaldo a 10 de noviembre de 2012

 

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Ahora vienen a por nosotros

Esquilmamos durante siglos a pueblos enteros, financiamos dictaduras, armamos a sus niños, robamos su futuro condenándoles a la esclavitud de unas deudas impagables. Luego les acusamos de terroristas, de gente sin escrúpulos dispuestas a saltarnos al cuello. Les atacamos preventivamente, no fuera a ser que ellos dispararan primero. Aprovechamos los daños colaterales para seguir quedándonos con lo nuestro, hipotecando aún más si cabía la posibilidad de otro mundo posible. Hicimos leyes a nuestra medida, incumplimos las que pactamos con ellos, sólo importaba seguir engordando. Nos convencimos de que siempre tiene que haber alguien que pierda, no podemos ganar todos. “Nosotros los pueblos” dijimos, mientras el nosotros eran sólo ellos. Vendimos sus tierras, compramos su silencio, contaminamos el agua y el viento, quemamos los bosques, plantamos el hambre, condenamos a millones a muerte… estaban muy lejos.

No hicimos nada y vinieron a por nosotros.

Ahora el nosotros es una entelequia. Nadie sabe ya quiénes son ellos, cada vez son menos y más poderosos, y más grande la miseria del nosotros.

 

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Y ahora ¿qué?

Estamos indignados. No hay más que conectar el pabellón auditivo y escuchar. Nadie está conforme con  lo que pasa. Las redes sociales y las insociales bullen de espanto y de críticas. Nadie se cree ya lo del estado de bienestar, y el mal estar parece no tener cura.

Hemos reaccionado. Las plazas se ha llenado de personas y consignas. La imaginación y la utopía han teñido de colores los grises adoquines de la indiferencia. Las convocatorias, los llamados y las ciberacciones tienen respuesta. Pero el teléfono de los que tienen que escuchar, sigue apagado o fuera de cobertura.

Y ahora ¿qué? Cual es el siguiente paso. Cuantos campamentos de la dignidad más hay que montar para que algo empiece a cambiar. Ni las urnas sirven ya. Nadie se ha querido dar por enterado, ni de las reacciones, ni de la indignación.

Y ahora ¿qué? ¿Cuánto más tenemos que seguir esperando? ¿Otro mundo es posible? ¿Cuál será el próximo término? ¿olvídate de soñar, o no pasarán?

 

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