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Archivo de la etiqueta: Religión/Teología

¡Qué viene el Papa!

Cuando éramos chicos nos decían: “¡qué viene el coco!”  y con ello pretendían asustarnos, a veces lo conseguían.

Ayer me entretuve en cuantificar el impacto mediático del viaje de Benedicto XVI este fin de semana a España, y ciertamente pensé que ojalá los medio dedicaran el mismo tiempo a otras noticias.

 Lo cierto es que no me declaro nada fan de cualquier parafernalia pública en la que se inviertan muchos esfuerzo y dinero en agasajar, pasear, invitar e “idolatrar” a ninguna figura pública. Pero también me molesta la hipocresía cuando determinadas noticias, instituciones o personalidades se usan como cortinas de humos; mientras ,por entre las rendijas de nuestras conciencias, se cuelan otras cosas tanto o más escandalosas.

Es cierto que Benedicto XVI no tiene el tirón mediático o de masas que tuvo su antecesor, quizás sólo por eso no se cuestionaban tanto los numerosos viajes de Juan Pablo II.  Es cierto que cualquier visita de cualquier mandatario internacional requiere una organización, una seguridad, unos gastos de protocolo. Es cierto que esta visita tienen un carácter más social que privado, y que requiere una mayor inversión en infraestructura, pero no menos que cualquier pequeño evento deportivo, musical o de festividad pública. Es cierto que en estos tiempos de crisis, entre otras instituciones, la Iglesia debería dar más signos de austeridad y hacerlos públicos.

No voy a negar que la Iglesia vive momentos de baja popularidad, pero no por ello debemos perder el norte y no darnos cuenta de que se le utiliza como muñeco de “pin pan pun” cuando interesa y conviene mediáticamente. Hay muchas cosas que pueden ser criticables de ella, pero indudablemente de las que casi nunca se habla es de las que si hace bien, de las lagunas sociales que cubre, de sus corrientes de solidaridad, de sus espacios asistenciales, de la cantidad de obras de cooperación y desarrollo social que sostiene, del apoyo a movimientos sociales, vecinales, culturales… Esa también, y sobre todo, es la Iglesia de Jesucristo.

Los que me conocen saben que no soy un defensor sin más de la institución -los que nos consideramos creyentes debemos ser nuestros mayores críticos- sin embargo, en este y otros temas me molesta la hipocresía. La hipocresía de una sociedad que se dice laica, pero que sigue demandando sacramentos en los que no creen. De una sociedad que vincula y defiende sus signos de identidad en el marco de unas celebraciones y conmemoraciones religiosas. La hipocresía de aquellos que ponen el grito en el cielo -nunca mejor dicho- ante los dispendios de esta visita, cuando cada semana gastamos millones de euros del contribuyente en eventos deportivos, en telebasuras, en propaganda política, en fuegos de artificio…

Mientras que las noticias y las tertulias avisan “¡qué viene el coco!”  se olvidan – y quieren que nos olvidemos-, o demos poca cobertura, a cosas que a mi me parecen más preocupantes y que me asustan más:

España negocia la venta de más de 200 carros de combate a Arabia Saudí

El contrato supera los 3.000 millones y será el mayor de la historia española

El PSC denuncia que la asistencia política y técnica a Rivero pase de dos a 33 millones

Los acampados de Gdeim Izik piden el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación

La banca española obtendrá beneficios en 2009 y 2010 pese a la crisis

Más de 400 muertos en Haití por cólera

Claro que a mí me gustaría que se debatiera más de estas cosas. Claro que a mí me gustaría también, que incluso el papa, hablara más de estas cosas.

 “El cielo para unos pocos, y el infierno, en diferentes grados, para la mayoría.” Joan Arnau

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El Velo.

Vicente Verdú

Rehuyo instintivamente meterme en los asuntos que despiertan una voracidad opinativa desaforada y general pero el caso de aceptar o prohibir el velo ( el hyjab islámico) en las escuelas públicas, como en el actual conflicto de Pozuelo (Madrid) me impulsa a declarar que mi mundo no es de este reino. Toda la argumentación sobre la neutralidad de la escuela laica no es más que un fanatismo de la llamada neutralidad. La verdadera neutralidad sería la no intervención en los hábitos y creencias de cada uno. Choca que mientras los alumnos convivan entre sí cordialmente, más allá de las adscripciones religiosas particulares, venga la autoridad a señalar que todos somos iguales y, en consecuencia, sobran los signos de identidad. ¿Una escuela sin identidades? ¿Unos alumnos sin particularidad? Sólo la ofuscada idea de la Ilustración, cuantificando, normalizando, homogeneizando en aras de la razón puede llevar. En su colmo, a esta sinrazón. A este anacronismo de la negación de las diferencias y a esta represión de los sentimientos como un subproducto de la personalidad. ¿En qué tiempo estamos? ¿En qué apolillado cerebro se atora la autoridad oficial? 

[Publicado el 21/4/2010 a las 11:00]

 
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Publicado por en abril 21, 2010 en El margullo de otr@s

 

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Porque Dios es poesía en la cual se cree

El País

Enrique Miret Magdalena  24/12/2009

A mis 94 años he llegado a la conclusión de que todo tiene importancia y nada tiene importancia, porque la buena vida sólo consiste en saber aprovecharse tanto de las cosas buenas como de las malas.

He aprendido esto de los grandes sabios antiguos, como Píndaro, y de los modernos, como Ortega y Gasset: lo único decisivo es ser lo que somos porque nuestra realidad, como toda realidad, siempre tiene algo de bueno. También el gran pensador francés André Maurois me enseñó, a fuerza de equivocarme, que “hay que tratar las catástrofes como molestias y jamás las molestias como catástrofes”, porque, como afirmaba Tolstoi, “la felicidad no depende de acontecimientos externos, sino de cómo los consideremos”.

Hoy es un día especial para mí porque de algún modo reu-nimos en esta mesa la labor de casi 100 años, por activa o por pasiva, y yo, que soy tan proclive a la sabiduría de Oriente, he acabado por aprender, mal que bien, lo que me ha descubierto y los hechos me han confirmado: “Más vale caminar bien que llegar”.

Del mismo modo, tengo que decir que la religión, sin caer en maximalismos ni minimalismos, me ha ayudado mucho en los momentos difíciles. Sostengo que todo lo que has de creer, orar y practicar está contenido en el Padre Nuestro. Y me inspiro en los discípulos próximos a Jesús y en ese pequeño libro del siglo I, la Didajé, que se traduce por Enseñanza o Doctrina y que nos muestra que toda conducta positiva ha de basarse en la regla de oro: “No hagas a los demás lo que no quieras para ti”. Igualmente, el Pastor de Hermás nos dijo en el siglo II que “todo el que está alegre obra bien y piensa bien”.

La religión en la que creo no es cosa de tristes gruñones, sino apertura y ayuda mutua, que siempre repercutirá en un mundo mejor, sea cual sea nuestro pensamiento: por eso, con el tiempo, mi fe se ha vuelto más sencilla y más dependiente de lo interior y de una conducta abierta a los demás. Porque Dios, lejos de ser un amo exigente, es “poesía en la cual se cree”.

Mis años, finalmente, se resumen en lo que debo a mi mujer, que colgó los hábitos científicos para dedicarse a la educación de nuestros hijos y, siempre mirando hacia la izquierda, ayudar a quien lo necesitase.

El teólogo Enrique Miret Magdalena falleció el pasado 12 de octubre. Este texto es el que leyó a su familia durante su penúltimo cumpleaños, siguiendo una vieja costumbre que repetía año tras año. De alguna forma, es una síntesis de su manera de ver la vida y de entender el compromiso con los demás.
 
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Publicado por en diciembre 26, 2009 en El margullo de otr@s

 

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