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Archivo de la etiqueta: Vivir del cuento

Alergias primaverales

Apareció por la esquina de la calle. No más verla, re­cordó que seguía siendo primavera. La miró con discreción, la distancia que les separaba se lo permitió en varias ocasiones. Así pudo contemplar con qué alegría se movía su traje estam­pado de fondo rojizo, dejando patente una silueta firme y es­belta que interpretaba sinfonías a cada paso. A medida que se acercaba se adivinaron unos ojos azul mar, que miraban, aquí y allí, con la sutileza del vuelo de las mariposas. Su cabello rubio bailaba al son de la música que sonaba en su mp4.

Sólo faltaba el olor, porque lo del tacto, ni pensarlo. Mantuvo la dignidad, el ritmo y la dirección de sus pasos. Cuando estuvo a su altura, hizo una profunda inspiración tra­tando de captar el aroma de su perfume, o tal vez, así le pareció en los primeros acordes, un agradable y suave aroma a gel de baño mezclado con crema hidratante. Casi sin darse cuenta cerró los ojos mientras terminaba de captar toda su esencia.

Cuando pudo abrirlos, buscó con la mirada a la chica. Huía despavorida a refugiarse en un cajero automático. A él , mientras tanto, dos transeúntes que pasaban le ayudaban a sa­carse el vestido de la nariz.

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Publicado por en marzo 20, 2015 en Brevedades, Microrrelatos

 

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Tránsito

Un beso envidiado en el vestíbulo. Maletas que se arrastran solas. Miopes que tratan de encontrase en paneles demasiado crípticos. Ancianos que pasean con orgullo sus últimos destinos. Alguien que va a llegar en el momento más inoportuno. Otros que regresa cuando ya es demasiado tarde. Bienvenidos y malvenidos. Sueños que buscan puerta de embarque. Esperanzas que llegan con años de retraso. Un carro que pierde el rumbo, y la misma cantinela de siempre: «A nosotros nos da igual, ni siquiera le vamos a avisar de la salida de su puñetero vuelo. Ahora eso sí, le rogamos por su propio interés, mantengan la mierda de sus pertenencias controlada en todo momento”.

flypaper Dawn NG

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Publicado por en marzo 15, 2015 en Al golpito..., Microrrelatos

 

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Nosotros, los de entonces

Muchas veces te lo dije.

Tú te reías, y hacías aspavientos. Y yo, que cuidado, que las cosas ya no son como parecen, y para eso no hay vacuna. Los virus más peligrosos, ni se ven venir.

 Les dejamos. Nos pusimos a la intemperie. Y tú, que qué exageraciones. Es agotador nadar contra corriente.

Lo cierto es, que ya no somos. Y se nos enfría más pronto el café. Y se pasan las tardes. Y bueno, ya si eso, mañana. Si nada nuevo aparece, ya no me miras, por si acaso. Algún bufido extraño por respuesta. A veces nos observamos tan perdidos, desde el otro lado de nuestras vidas. Y sin embargo qué desnudos. Y a pecho descubierto, nos conformamos con amigos que no elegimos. Les tenemos a todos en casa, van con nosotros a la playa y a la oficina. Cuando hacíamos el amor, estaban. Y nosotros recordando, pensado cómo éramos antes de mirarnos sólo los pies, cuando dilatábamos las medias tardes porque el tiempo no nos daba para tanto. Ahora ya ves, ahí tumbados. Algunos ratos se hacen insufribles entre pajaritos metálicos y frías emociones encriptadas.

 Es cierto, les dimos toda facilidad. Ingenuos o borrachos de ego, pusimos en sus manos nuestras llaves, los recuerdos, nuestros viajes, la música que ya no oímos, todas nuestras cartas boca arriba. Y se supo lo nuestro desde antes de que fuéramos. Mis sueños de ser alguien desgranando letras, tus pensamientos más obscenos, lo que comprabas a deshoras, lo que dejamos de leer. Supieron de tus gustos y mis rechazos. Y cuando volvías tarde a casa, lo sabían antes de que entraras y encendieras la luz para buscar el cargador.

Y estábamos muertos antes de morirte. Y supieron que te había fallado aquella noche. Y no me diste el último beso. Y te levantaste preocupado, porque nadie te hizo caso, ni en tus sueños. Y estabas al margen de todos. Y el café te supo a rayos. Y te vestiste a desgana. Y no tenías tiempo de pasar por una tienda. Y estábamos muertos antes de que te mataran. Y te mató la furgoneta que no viste, porque le sonó el «Qué pasa» a la vieja que iba a cruzar a tu lado, y creíste que era el grupo de desconocidos, y echaste mano al bolsillo por si la resurrección. Y ella no pudo retenerte, porque ibas enfilado. Y yo, desde la Window, oí el pitidito, y eran ellos, los que siempre están aunque no se les vea, los que nos descubrieron, formaron peña, y decidieron seguirnos a todos lados. Y quedaste tendido en la calle. Y no sé si se dieron a la fuga, o nunca estuvieron. No salen en las fotos que hice de tu muerte. Y fuimos al fin Trending Topic en las redes. Y me piden amistad otros que dicen conocerte. Y sigues, pero no estás ¿No estás, o no has sido?

Y ya no lloro porque me faltas desde hace mucho. Creo que están borrando tu rastro. Ya no me acuerdo. Yo también me estoy quedando sin batería.

Publicado en el nº2 de la revista “Arte y Cultura”. Febrero 2015

 
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Publicado por en febrero 10, 2015 en Relatos

 

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WhatsApp

imagesNPTI21J5    No discutían ya, ni buscaban excusas para entender, que todo había muerto. Los silencios, no se hacían tan incómodos, y las horas muertas se compartían sin problema. De vez en cuando un emoticón, un mensaje compartido. Cuando tocaba hacer el amor —como ya no fuman—, él se dormía de inmediato.  Ella desbloqueaba su móvil por ver si había algo por ahí, que mereciera la pena.

Lo dejaron una noche que el servicio de WhatsApp se cayó.

 
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Publicado por en febrero 23, 2014 en Brevedades, Microrrelatos

 

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Canción triste de un murguero

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Eligieron una cara triste de payaso, por lo de la crisis. Subieron los penúltimos al escenario. Cantaron, con más fuerza que nunca, las letras acunadas tantos meses. Se clasificaron para la final. A la mañana siguiente, mientras leía la letra pequeña del embargo, lloró purpurina plateada.

 
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Publicado por en febrero 12, 2014 en Brevedades, Microrrelatos

 

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Purorrelato 2013

sahara-libre3“Tan cerca, tan lejos”

Casa África ha publicado  el relato “Tan cerca, tan lejos” (Pág. 70), que envié al certamen “Purorrelato”. Me alegro sobre todo porque para mí era una llamada de atención a esta institución para que no olvide que, aunque les han usurpado su tierra, el pueblo saharaui existe y forma parte de África. SAHARA LIBRE!

http://www.casafrica.es/casafrica/Publicaciones/Purorrelato2013.pdf

En el patio arenado de la escuela, la maestra les explicaba en qué consistía el programa. Los mayores, los ya viajados, intervenían a su requerimiento para ratificar lo que ella contaba.

Nunca había ido más allá de aquellas jaimas. La hamada había sido su hábitat de siempre. Ahora viajaría a unas islas que estaban extrañamente cerca y lejos a la vez.

Las primeras semanas fueron duras, todo le era extraño, no entendía nada, ni era capaz de hacerse entender. Las sensaciones le desbordaban, nada era como había imaginado.

La familia que le acogió en Gran Canaria le llevó a ver el mar, a partir de ese día, todo fue mejor. En sus viajes, durante cuatro años, cuando sentía la nostalgia de casa, pisar la arena de Las Canteras le traía hasta sus pies las dunas de Smara.

Aprendió mucho mejor el castellano. Supo que más allá del destino está la voluntad y la solidaridad humana. Vivió ocho meses de su vida la experiencia de no faltarle de nada. Comprendió el término justicia.

La que sería para siempre su otra familia, vivía en Plazoleta de Perón. Desde el balcón de la casa, siempre vio aquella fachada inconclusa. La noche antes de su último regreso, lo hicieron. Bajaron con sigilo, y en la fachada de Casa África, donde estaban las demás banderas, colgaron la que faltaba. Abrazados, supieron que al fin se había hecho justicia. Ahora sí era la casa de todos.

 
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Publicado por en febrero 1, 2014 en Relatos

 

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Y fueron felices, o eso dicen

Blancanieves tuvo que huir, por bella,  a servir en una casa. Trabajó como una enana hasta que la envenenaron. Cuentan que la resucitó el beso de un príncipe del que nunca más se supo cómo la trató.

Cenicienta fue maltratada por sus hermanastras, luego cayó en manos de un príncipe fetichista que no sabemos que hizo con ella.

Bestia secuestró a Bella. Dicen que encontró algo en su interior. No me creo eso de que la música amanse a las fieras.

La Durmiente, fue encerrada desde pequeña en una mazmorra y luego abandonada medio muerta  en el bosque, al alcance de cualquier desaprensivo.

Malditos príncipes azules, engañabobas de mil y una no­ches, de las que se durmieron soñando sin saber el precio que habrían de pagar por un traje, un zapatito de cristal o una boda de ensueño.

Del libro “Brevedades”, Las Palmas de G.C.: NACE 2013.

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Publicado por en noviembre 30, 2013 en Brevedades, Microrrelatos

 

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